El abeto (diciembre 2009) 
Sólo faltan unos días para Navidad, y Marta se ha ido al trastero, que se encuentra en la parte de arriba del edificio, para sacar el árbol de Navidad del año anterior, las bolas de Navidad y el resto de objetos para decorar la casa.
Marta: ¡Uff!, a ver dónde metió Roberto los objetos navideños. Aquí es imposible encontrar nada. ¿Tú ves algo, Pepín? ¡Oye!, ¿tú estás buscando las cosas de Navidad, o te dedicas a jugar?
Pepín: ¿Qué dices, mamá? ¡Mira...! Este coche con mando a distancia lo estaba buscando hace mil años. ¿Lo subiste tú al trastero?..., pero si es mi coche preferido.
Marta: Pepín, cariño, te he dicho que me acompañes a buscar los adornos navideños, y no a desenterrar juguetes de tiempos de Maricastaña, que están aquí porque los ignorabas completamente.
Pepín: Yo no veo ninguna caja con las cosas de Navidad, así que me voy a jugar con mi coche fantástico.
Marta: Sí, mejor; para lo que me has ayudado a encontrar los cachivaches navideños...; y de paso di a tu padre que suba para que me diga dónde tiene escondido el dichoso árbol. A lo mejor lo tiró, y yo estoy aquí como una lerda buscando.
Pepín se va hacia la puerta, tropieza con un bulto alargado, y se cae de bruces.
Pepín: ¡Ay, ay!...¡Qué tortazo me he dado! ¡Mamá!, aquí está el árbol de Navidad, el causante de mi caída. ¡Ay,ay! ¡Cómo me duele la rodilla! Este árbol de plástico es feísimo, y está medio pelado... no lo pondremos otro año más, ¿verdad? Ay, ay...
Marta: Es que no miras, Pepín. Siempre estás en Babia. Déjame ver la rodilla. No es nada. Pero tienes razón con el árbol. El pobre, ni con una tonelada de espumillón lo dejaríamos presentable. ¿Qué te parece si este año compramos un abeto?
Roberto aparece, de repente, en el trastero.
Roberto: ¿Qué pasa, que tardáis tanto? Yo ya creía que os habíais mudado a vivir al trastero.
Pepín: Papá, qué bien que apareces. Te tenemos que dar una mala noticia.
Roberto: Y bien, ¿de qué se trata?
Marta: El árbol de Navidad ha pasado a mejor vida.
Pepín: Y mamá y yo queremos uno de verdad, un abeto navideño. Buena idea, ¿ehh?
Roberto: ¡Un abeto! es muy caro, y después, ¿qué hacemos con el arbolito? ¿Dónde lo plantamos?; porque aquí sólo los venden con cepellón, y si no, no te lo venden. Yo no tengo nada en contra de los de plástico, con unos buenos adornos dan el pego, y duran unos añitos.
Pepín: Son muy feos, y la mayoría son de un verde artificial que da náuseas. ¡Tengo una idea!: nos vamos a Navacerrada este fin de semana, cortamos uno, y nos lo traemos a casa.
Roberto: Pepín, hijo; aquí, talar un árbol así porque así te puede costar la cárcel. Y tú querrás que tu padre pase esta Nochebuena contigo cantando villancicos, ¿verdad? No contestes...
Marta: No se hable más del asunto; creo que el abeto estará perfecto en nuestro salón. Por cierto, Roberto, ¿nos quieres revelar el secreto de dónde pusiste la caja de los adornos navideños? Llevo dos horas buscándola, y no la encuentro.
Roberto: Marta, yo también te tengo que dar una mala noticia.
Pepín: Esto se pone interesante, creo que me quedo un ratito más aquí. Papá, ¿de qué se trata?
Marta: A ver, esto me suena a trola, querido.
Roberto: No, es la pura verdad. Y no hace falta que busque mucho, porque estás sentada encima de la caja de las bolas. Y si la abres, seguramente encontrarás polvo de estrellas en vez de bolas de vidrio esmerilado, je, je...
Marta: ¡Ahhh!, encima de las bolas... Pero en la caja ponía objetos varios... ¡Oh!, qué desastre... También se han roto las bolas que me regaló mi madre... Roberto, te... te...
Pepín: Esto mola mazo..., adornos y abeto nuevos, ¡guay!
Roberto: Marta, recuerda el espíritu navideño... ¡Ay, ay! ¿Quién ha dejado el árbol de Navidad aquí? Vaya trastazo que me he dado. Mañana, sin falta, compramos el abeto... ¡uff!, y las bolas, Martita, y las bolas...
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