El vecino (noviembre 2009) 
Roberto y Marta están en la cocina preparando la cena. Mientras Marta prepara un estofado de carne, Roberto hace la ensalada.
Marta: Roberto, no cortes las hojas de ensalada tan grandes, que no hay quien las pueda masticar. ¡Qué manía tienes! Ni que tuviéramos la boca tan grande como un buzón.
Roberto: Grandes, grandes; tú a cualquier cosa llamas grande. Si corto la hoja muy pequeña, no parece una ensalada, sino un picadillo de lechuga.
Marta: Roberto, no vale discutir contigo; así que para ti la perra gorda. Tú te comes esa ensalada, y a mí me preparas otra aparte con pedacitos más pequeños. Cada vez que haces de pinche en la cocina, salimos a la greña.
Roberto: Lo que pasa, Martita, es que tú no admites críticas, y menos de tu pinche... (risas). Pero tu pinche está aquí para lo que mandes... Marchando, para mi mujercita, una ensalada extra de picadillo... No faltaría más, lo que diga la jefa de cocina.
Marta: Menos choteo, Robertito. ¡Umm!, este estofado de carne huele que alimenta, ¿verdad?
Roberto: Con tu estofado y mi ensalada, nos vamos a poner como el quico, cariño.
En ese momento suena el timbre de la puerta. Roberto abre la puerta, y se encuentra con el nuevo vecino colombiano que vive en el piso de arriba.
Vecino: ¡Ay!, perdone usted las molestias, soy el nuevo vecino y vivo en el departamento de arriba. Mi nombre es Gustavo. Mire, es que acabo de mudarme, y apenas he podido hacer las compras. Me he puesto a cocinar y, ¡qué vaina!, no tenía ni un poco de sal... para cocinar unos frijoles. ¿Podrían regalarme una pizca de sal y una cucharadita de aceite?
Roberto: Pase, pase, no se quede en la puerta. O sea, que usted es el nuevo inquilino. Encantado, soy Roberto. Espere, que le pregunto a mi mujer, que ahora mismo está en la cocina. Marta, Marta...
Marta: ¿Qué ocurre, Roberto? ¿Quién es?
Roberto: Marta, es el nuevo vecino. Resulta que el hombre se acaba de cambiar al piso, y nos pide un poco de sal y aceite. ¿Qué te parece si le invitamos a cenar?
Marta: Por supuesto, dile que se quede con nosotros a cenar. Como Pepín se ha quedado con su amigo Óscar, tenemos una porción de más.
Roberto vuelve a la puerta, donde espera el nuevo vecino.
Roberto: ¿Pues sabe lo que me ha dicho mi mujer?
Vecino: Como dicen en mi tierra, que me vaya al carajo, je, je; que estas no son horas de andar molestando, ¿verdad?
Roberto: Je, je, no, no, hombre; me ha dicho que le invite a cenar, que acaba de cocinar un estofado de carne que no se lo salta un gitano.
Vecino: Eso significa que está tremendo, ¿no? Muy amable por su parte. Pero no sé, me parecería un abuso.
Marta: Hola, soy Marta. De abuso, nada, ya he puesto la mesa. Usted se queda a cenar hoy con nosotros, no se hable más.
Vecino: Bacano, muchas gracias. Pero déjenme que les traiga de casa una botella de aguardiente, esa es la bebida típica de mi país, y así podemos celebrar mi cambio de casa, y su amabilidad.
Marta: No hace falta, ya tendremos tiempo de tomarnos una copita. Pase y siéntese.
Roberto: Dígame, Gustavo, ¿y qué tiempo hace ahora en Colombia, es primavera u otoño?
Vecino: De donde yo vengo casi siempre es primavera o verano. Hace un tiempo rico para pasear o bañarse. ¿No conocen?
Marta: ¡Qué maravilla! Y aquí nosotros pasando frío. ¡Cómo me gustaría ir a Cali!
Roberto: Martita, vuelve al estofado, que está delicioso, y deja de viajar con la imaginación. Gustavo, ¿y cuánto se tarda a Cali en avión?
- Login o regístrate para enviar comentarios












