La boda 
Marta, Roberto und Pepín sind auf eine Hochzeit eingeladen. Zu allem Überfluss scheint Trauzeuge Roberto in dem ganzen Trubel auch die verflixten Trauringe nicht zu finden...
por Covadonga Jiménez
Marta, Roberto y Pepín están invitados a una boda. A Roberto le ha tocado ser el padrino de la boda.
Marta: Pepín, empieza a vestirte, que después se nos hace tarde, y te recuerdo que tenemos que llegar antes que la novia; ya sabes que tu padre es el padrino.
Pepín: Uff, mamá, ¿por qué no puedo ponerme los vaqueros y mi chupa de cuero? Con este traje parece que voy a hacer otra vez la Primera Comunión. Además, me siento ridículo con esa corbata. No quiero ponérmela... no, no, y no. No quiero ir a esa bodaaaa...
Marta: Pepín ¿quieres dejar la pataleta para otro día y vestirte de una vez por todas?
Roberto: Martaaaa... No quepo en la chaqueta del frac. Y, ¿qué hago ahora?
Marta: Mira que te lo dije, Roberto, pruébate el traje antes de llevártelo a casa. A ver, póntela... Bueno, no es para tanto... Te queda un poco entallada, pero si no haces aspavientos con los brazos y te estás quietecito, no hay peligro de que estalle.
Roberto: Claro, no sólo voy a ir disfrazado de pingüino, sino que además tengo que comportarme como uno de ellos. Todo el santo día tendré que ir con los brazos estirados y andando a pies juntillas. Pero, en qué día se le ocurrió a Elisa que yo tenía que ser su padrino... Grrrrr...
Marta: Si no recuerdo mal, fuiste tú el que te ofreciste a ser su padrino, querido. Además, Elisa es una amiga de toda la vida, no le ibas a hacer un feo, ¿verdad? ¡Ah!, y no olvides las alianzas de los novios!!!
Marta, Pepín y Roberto, de punta en blanco, se dirigen con tiempo de sobra a la iglesia donde deben esperar la llegada de los novios. Al llegar, Roberto busca algo, pero....
Roberto: Pssst.. Pepín, pssst... Pepín, hijo, ¿estás jugando al escondite? Y, ¿qué haces con esas gafas negras?
Pepín: No, no estoy jugando a nada; es que no quiero que nadie me reconozca con estas pintas horrorosas.
Roberto: Bueno, no es para tanto, yo también me siento fatal con estas fachas, pero hay cosas peores. Por ejemplo, que no encuentro los anillos de los novios. Si tu madre se entera, me monta un numerito en plena calle. Puedes entretenerla mientras yo voy a casa.
Pepín: ¿Has mirado bien en los bolsillos de la chaqueta?
Roberto: Esta chaqueta de pingüino no tiene bolsillos; bueno, sí, uno por dentro, y ahí es donde creía yo que los había metido, pero no están. ¿No se los habrá tragado tu loro, mientras los dejé en la mesa del salón?
Pepín: Imposible, Manolo escupe todo lo que no sea comestible. Es un sibarita... ja, ja,ja.
Marta: ¡Qué guapos están mis hombres! Cómo me gustaría veros así todos los días... ¿De qué habláis tan bajito... te pasa algo, Roberto? Estás sudando.
Roberto: No, ejemm, nooo, es que ya está apretando el calor, y con este traje tan ajustadito... pues que estoy sudando la gota gorda. Ahora vengo, que tengo que ir un momento al coche. Pepín, ¿vienes conmigo?
Marta: No os entretengáis mucho, que la novia está a punto de llegar, Roberto, y tú tienes que acompañarla a la iglesia.
Roberto: Hijo, y qué hago...Si me voy y llega la novia, tu madre me mata. Ay, ay...esto me recuerda a la película “Una boda y un funeral”, y yo protagonizando el funeral, uffff.
Pepín: Papá, déjame mirar a mí en el bosillo de tu chaqueta, como está tan ajustada a lo mejor... A ver, no te muevas tanto...Toco algo... no te rías...¡Aquí están! Papá, ¿sabías que el bolsillo tiene doble fondo, y la cajita se había escurrido en el otro compartimento?
Roberto: Gracias, gracias... eres el mejor hijo del mundo... Mira, el coche de la novia...,vamos... que la tengo que llevar del brazo. Un infarto, me va a dar un infarto. Pepín..., te debo una... ¡¡¡eh!!!
Pepín: Ya te lo recordaré, papá...
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