La cogorza (septiembre 2009) 
Familie Pérez trifft die letzten Vorbereitungen, bevor sie auf ein Fest geht. Um seinen Durst zu löschen, greift Pepín nach einem Getränk, jedoch verwechselt er die Flaschen. Und natürlich endet die Geschichte in einem großen Chaos... Etwas Anderes würde man von Familie Pérez auch nicht erwarten.
Roberto, Marta y Pepín están invitados a una fiesta al aire libre que han organizado unos amigos.
Roberto: Me parece una buena idea la fiesta de Charo y Juan para despedirse de las vacaciones de verano. ¿Te han dicho si tenemos que llevar algo para comer, algún aperitivo?
Marta: Claro que no, tú ya sabes cómo son. Les encanta agasajar a sus invitados, y si les llevas algo, casi que se ofenden. Pero como vamos a ser muchos, y a nadie le amarga un dulce, he comprado dos docenas de pastelitos de diferentes sabores: nata, crema y chocolate. Y, por supuesto, se lo diré a Charo, para que no me dé la charla cuando me vea aparecer con los pasteles.
Pepín: ¿Has comprado los bocaditos de nata que tanto me gustan? Entonces sí que me apetece ir a la fiesta, aunque sólo sea para ponerme morado de pasteles.
Marta: ¡Goloso! Por cierto, Pepín, ¿has organizado tus cosas del cole? Ya sabes que pasado mañana comienza el nuevo curso escolar.
Pepín: ¡Uf!, pero si yo creía que todavía tenía una semana más de vacaciones. ¡Vaya rollo!
Roberto: ¿No te parecen suficientes tres meses de vacaciones, Pepín? Yo no sé qué va a ser de ti cuando tengas que trabajar once meses al año. Venga, chaval, media vuelta, y marchando a tu habitación.
Pepín: ¿Pero no teníamos que ir a una fiesta?
Marta: Sí, pero todavía quedan unas horas, así que te da tiempo de sobra.
Roberto: Marta, Juan me dijo que le ayudase a preparar los cócteles; así que me llevaré alguna botella de ginebra, ron y whisky.
Marta: Vale, Roberto, pero no empecéis muy temprano a preparar cócteles, que el día es muy largo, y después os da por cantar desafinadamente "Que viva España"; y puede que nos caiga un chaparrón.
Roberto ha sacado unas cocteleras de la vitrina para llevarlas a casa de sus amigos, además de algunas botellas de licor; pero la botella de ron la ha vaciado por la mitad y ha rellenado con la otra mitad una botella de agua vacía para dejarla en casa como reserva. Roberto se ha ido al salón donde está Marta y ha olvidado la botella de agua con ron en la cocina. Al rato, Pepín va a la cocina...
Pepín: ¡Uff!, qué sed tengo. Y en esta casa ya no hay ni refrescos, ni casera, ni nada... sólo agua. Mi madre se cree que somos ranas. Pues tendré que beber agua..., no me queda otra.
Pepín se sirve un vaso grande y se lo bebe de un trago. Seguidamente, empieza a escupir y a gritar: "Mamááá..."
Marta: Pepín, ¿qué pasa?, ¿por qué estás en el suelo? Roberto, ven... Pepín está retorciéndose de dolor.
Roberto: Será otra de sus artimañas para no preparar sus cosas del cole... Más o menos las mismas que yo inventaba a su edad. ¡De casta le viene al galgo! Pero..., Pepíín, hijo, ¿qué te ocurre?... ¡Oye! ¿tú no habrás pimplado? Hueles a ron que apestas...
Marta: Pepín, bebe un vaso de agua...
Pepín: No, de esa noooooo. Mamá, dame agua del grifo... ¡Ay!, qué mareo tengo! Mamá, te veo doble, o ¿es que has engordado?
Marta: Hijo, tú estás piripi. Y esta botella de agua, ¿qué tiene? ¡Esto huele a alcohol!
Roberto: ¡Mierda!, no me digas que se me ha olvidado la botella con el ron en la cocina. Pobre Pepín, se ha cogido una cogorza por mi culpa.
Marta: ¡Qué insensatez! ¿A quién se le ocurre meter ron en una botella de agua? Y para más inri, dejarla en la cocina. ¿Qué hacemos? ¿Llamo al médico, Roberto?
Roberto: Por el momento, lo llevaré a la cama; mientras, tú le preparas una infusión... Seré imbécil... Pepín, hijo, ¿cómo te encuentras?
Pepín: Hip, hip, ahora me ha entrado el hipo, y sigo mareado, je, je... Tengo una cogorza...; cuando se lo cuente a Óscar, hip, hip... je, je, ¡qué fuerte!... hip, hip.
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