La tarta (marzo 2010) 
Marta y Pepín quieren hacer una tarta para la fiesta de cumpleaños de Óscar.
Marta: Pepín, ¿seguro que a tu amigo le gusta una tarta de fresa? Yo creo que tendrías que llamarle otra vez, no vaya a ser que se decepcione al verla.
Pepín: Que no, mamá, que es una sorpresa. Y yo sé que Óscar se pirra por las fresas.
Marta: Bueno, pues voy a empezar, pero tú haces de pinche de cocina como me prometiste.
Pepín: Que sí, que sí, que yo te ayudo. ¿Qué tengo que hacer?
Marta: Por el momento, te lavas las manos, que las tienes más negras que el betún. Y luego, te pones este delantal.
Pepín: Ya está, ya me las he lavado. ¿Y este delantal de lunares es el que me tengo que poner? ¡Qué pasada!, parezco una flamenca. Si me vieran mis coleguillas del cole, se morirían de risa…
Marta: Chitón, y ponte a batir estos huevos...
Pepín y Marta, después de dos horas, han terminado su magnífica tarta. Sólo les falta adornarla y dejarla enfriar.
Pepín: ¡Cómo mola la tartita de fresa! ¡Está para comérsela! ¿Puedo probarla?
Marta: ¡Eh!, manos fuera, Pepín. Ya tendrás tiempo de probarla en la fiesta de Óscar.
Pepín: Vale, vale..., pero con tantos pirañas que ha invitado, al final me quedaré a dos velas...
Marta: Anda, vete a tu habitación a cambiarte, y luego me acompañas a comprar unas velas para tu amigo y algún regalito. ¿Qué te parece?
Pepín: ¡Es verdad, se me había olvidado el regalo!
Roberto vuelve a casa después de jugar un partido de fútbol con sus compañeros de trabajo, y se encuentra con que no hay nadie.
Roberto: Marta, Pepín... No hay nadie; vamos, como de costumbre. ¡Uff!, qué paliza me he dado a correr! Tengo un hambre atrozzzzz... A ver qué encuentro en la cocina. ¿Esto es una alucinación? (mete el dedo en la tarta) ¡No, es de verdad! ¡Qué detalle ha tenido mi Marta! Umm, esta tarta está para chuparse los dedos... Ummmm...
Roberto se ha puesto las botas a comer tarta, y después se ha ido a duchar. Al rato llegan Marta y Pepín con las velas y el regalo. Cuando llegan a la cocina y ven lo que queda de tarta, se quedan con la boca abierta.
Pepín: Mamá, a nuestra tarta le falta la mitad. ¿Quién se la ha comido?
Marta: Solamente tienes que seguir las pistas, y encontrarás al culpable. A ver, aquí una bolsa de deporte, en el pasillo las botas de fútbol, y la puerta del servicio cerrada. ¿Tú quién crees que se ha comido la tarta?
Pepín: ¡PA-PÁ! ¡¡Papá, papá!!, ¡¡abreeee!!!
Roberto: ¡¡Hola, familia!! Me he quedado como Dios. Marta, deliciosa la tarta. Estaba tan buena, que me he comido tres trozos. Pero, ¿qué os pasa? ¿Os habéis quedado mudos, o es que no habéis visto nunca un hombre recién duchado?
Marta: Oh, sí, claro... perdona nuestro asombro, querido. Pero te acabas de comer la tarta que Pepín y yo habíamos preparado para el cumpleaños de Óscar.
Pepín: Mierda, y ahora qué hago; yo le había prometido llevarle la tarta...
Roberto: Oh, oh, bien, ya me parecía a mí raro tanto detalle. Bien, pido disculpas. Y ahora me cambio, y nos vamos tú y yo, Pepín, a comprar una tarta de fresa a la confitería. ¡Y arreglado!
Pepín: Sí, arreglado, pero yo quería esa tarta que había hecho con mamá. Y tú vas y te la zampas... ¡Me parece fatal!
Marta: No te disgustes, Pepín, no hay mal que por bien no venga; ahora sí que puedes comerte un buen trozo de la tarta. Y después, papá te comprará la que elijas para Óscar.
Roberto: Pepín, Marta, esta tarta tenéis que hacerla más a menudo, está rica, rica.
Marta: Umm...., claro, pero para la próxima nos ayudas tú a hacerla. Ummm, ¡qué buena, Pepín! ¡Umm…!!












