La visita 
Pepín darf das Geschenk seines Nachbarn, einen Papagei, zu Hause halten. Doch das sprachbegabte neue Familienmitglied sorgt für Tumult...
Pepín ha conseguido que Roberto acepte a regañadientes el particular regalo de su vecino. El loro Manolo está feliz en su nueva familia.
Marta: Pepín, ¿no crees que el loro estaría mejor en el salón, junto a la puerta del balcón, que en tu cuarto?
Pepín: No, ¿por qué?
Marta: Porque el loro necesita luz y aire fresco... y no estar todo el día mirando el ordenador y escuchando rap y tecno.
Pepín: Mamá, Manolo está supercontento conmigo, y nos lo pasamos en grande.
Marta: Por cierto, le estarás enseñando buenos modales a ese deslenguado, ¿verdad?
Pepín: Sí, claro, mamá; es muy listo y se aprende todo volando... Voy a ver qué hace.
Al rato, suena el teléfono. (Loro: ring, ring, ring...)
Marta: Este loro lo repite todo... Ufff, ¡qué cuidado hay que tener! ¿Dígame?
Roberto: ¡Marta!, ¡qué bien encontrarte! Oye, que hoy voy a casa con un cliente muy importante para supervisar y firmar un contrato. Podrías preparar unas tapas y sacar el mejor vino que tengamos para la ocasión. Llegaremos sobre las cinco.
Marta: No te preocupes, Roberto. Voy a preparar unas tapas deliciosas. Ya verás como todo sale bien. Hasta ahora, cariño. Besos.
Pepín sale de su habitación con Manolo, el loro.
Pepín: Mamá, dejo a Manolo en el salón para que no esté tan solo; he quedado con Óscar.
Marta: Vale, y, mientras tanto, yo preparo unas tapas. ¡No vuelvas muy tarde a casa!
Pepín: Manolo, pórtate bien, ¡eh! ¡Ahh!, dile a Marta lo que has aprendido.
Loro: Robertito de mi vida, eres loro como yo, por eso te quiero tanto y te doy mi plumón...
Marta: Ja, ja... ¿eso es lo que le enseñas a Manolo? Ya verás cuando venga tu padre... Adiós, gamberro. (…) A ver, Manolo, hoy cuando venga la visita te quedas calladito, ¡eh! Que si no, Roberto te retuerce el pescuezo. Ya sabes las malas pulgas que tiene cuando algo le sale mal.
Loro: El pescuezo, el pescuezo, ring, ring... tonto del culo... ring... ring...
Marta: ¡Manolo! Bonito, bonito... a ver mi loro bonito... repite: bonito...
Loro: Bonitooooo... culo... tonto… bonitoooo...
Marta: Le tendré que cubrir la jaula con el pañuelo para que se quede calladito cuando venga Roberto. Si no, Roberto es capaz de soltarlo por la ventana.
A las cinco en punto llega Roberto a casa con su cliente. Marta, con las prisas de poner los aperitivos y la bebida en el salón, se olvida de tapar la jaula del loro.
Roberto: Marta, te presento a Lorenzo, uno de nuestros mejores clientes.
Marta: Encantada. Pase al salón, por favor; he puesto unos aperitivos y algo de beber.
Roberto: Muy bien. Lorenzo, tú como si estuvieras en tu casa...
Lorenzo: Gracias, pero tengo un poco de prisa, así que si quieres repasamos las cláusulas del contrato, y si está todo en orden, firmo; y tema concluido.
Al pasar al salón Roberto y su cliente, se percatan del loro, que empieza a recitar: “Robertito de mi vida, eres loro como yo, por eso te quiero tanto y te doy mi plumón… ring, ring... tonto... bonitooo”.
Roberto: MARTAA... ejem, el loro, el lorito... Llévate el loro de aquí, por favor.
Lorenzo: Ja, jaaaaaa... Oye, por mí, no te lo lleves..., es encantador. Yo tengo una lora en casa, se llama Matilda.
Marta: Entonces..., me lo llevo, ¿o...no? Manolooo... bonitoo, ¡eh!, bonitoo…
Lorenzo: Déjalo, por favor. Creo que Manolo y yo vamos a hacer buenas migas, ¿verdad?
Roberto: No se hable más. Manolo se queda aquí con nosotros; con lo simpáaaatico que es... este loroooo, brrrr...
Loro: Bonitoooo… Manoloooo… brrr Robertoooo... tontooo… brrr.
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