Las tumbonas 
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Die Familie Pérez ist ein Dauerbrenner bei ECOS. In der neuesten Folge kämpfen Roberto, Marta und Pepín erbittert um die besten Liegestühle am Schwimmbad.
por Covadonga Jiménez
La familia Pérez se ha ido a pasar dos semanas a un hotelito en un pueblo de la Costa de la Luz. Después de siete horas de viaje, llega a su destino.
Roberto: ¡Por fin! Ya hemos llegado. Tiene buena pinta el hotelito, ¿verdad?
Marta: Por fuera está muy bien, Roberto; a ver cómo está por dentro. Pero yo lo que quiero ahora mismo es que nos den una habitación y descansar. Estoy molida del viaje. Y a ti, Pepín, ¿qué te pasa?
Pepín: ¡Ummm!, ¡buffff!, qué mal estoy... Ma... má... una bolsa... que echo el bocata de chorizo... ¡Gruaaachhh!
Roberto: Cuidado con la tapicería del coche, Pepín. Venga, hijo, entra en el hotel y refréscate.
Tras descargar las maletas del coche, Roberto y Marta hablan con la recepcionista del hotel.
Roberto: Espero que nos hayan asignado una habitación con vistas al mar, ¿no?
Recepcionista: Pues... sí, claro. Además, en su reserva ya estaba especificado. Pues, aquí tienen sus carnés de identidad, la llave con el número de su habitación y una hoja informativa sobre el hotel. ¡Que pasen felices vacaciones!
Marta y Roberto: ¡Muchas gracias!
Roberto, Marta y Pepín ya están en la habitación del hotel.
Pepín: ¡Cómo mola! ¡Mamá, mira qué balcón tan grande, y con vistas al mar!
Roberto: Marta, ¿no vas a dar un beso a tu maridito por haber elegido tan bien?
Marta: Me encanta, Roberto... me encanta. Un beso, no; dos besos: mua, mua.
Pepín: Yo quiero ir a la piscina, y luego a la playa, y luego al pueblo...
Roberto: Para el carro, Pepín. Primero vamos a inspeccionar el hotel, y luego, a cenar.
Han pasado un par de días, y la familia Pérez está bastante contenta con la elección del hotel. Sólo hay una cosa que a Roberto le tiene algo molesto: las tumbonas de la piscina.
Roberto: Marta, ¿cómo puede ser que a las ocho de la mañana, cuando voy a correr a la playa, ya están todas las tumbonas cercanas a la piscina reservadas con toallas, si no hay nadie tomando el sol o bañándose? ¿Me quieres decir a qué hora se levanta el personal?
Marta: La verdad es que no me parece bien que la gente reserve tumbonas. Además, he preguntado en recepción y me han dicho que está prohibido hacerlo; pero a ver quién es el guapo que le quita a alguien la toalla y pone la suya. A lo mejor te declara la guerra, y entonces, se chafaron las vaciones.
Pepín: Además, papá, la mayoría son guiris, así que tendrías que discutir con ellos en inglés o en alemán.
Roberto: ¡No, no!, con mi inglés macarrónico no llegaríamos a ninguna parte. Así que he decidido darles su propia medicina. ¡Declaro en este momento la guerra de las tumbonas! Mañana temprano disfrutaréis de las tres mejores tumbonas de la piscina. ¿Qué te parece, Marta?
Marta: Me parece primitivo, y bastante infantil, Roberto. Conmigo no contéis. Y tú, Pepín, ¿quieres dejar los prismáticos?
A la mañana siguiente, Roberto y Pepín se levantan a las 7 de la mañana para llevar a cabo su "plan toalla". Colocan las toallas en tres de las mejores tumbonas, y se vuelven a la habitación a contar su hazaña a Marta.
Marta: ¿Pensáis echar a perder las vacaciones con madrugones sólo para reservar unas tumbonas?
Roberto y Pepín se miran pensativos. Cuchichean entre ellos...
Roberto: Tienes razón, Marta. Claudicamos. ¡Las vacaciones son para disfrutarlas!
Pepín: Preferimos arenita playera, antes que agua clorificada. ¡Para ellos las tumbonas!
Marta: Así me gustan mis chicos. Y ahora, a desayunar, y después, a la playita.
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