Toledo y El Greco 
Toledo war schon einmal Thema in ECOS. Im Juni 2000 trafen wir einen berühmten griechischen Maler in der Stadt, der uns einige der Geheimnisse erläuterte. Hier ein paar Auszüge aus dem Protokoll.
protocolo: Juan Ramón García Ober
El artista por excelencia que se asocia con Toledo, es, sin duda alguna, El Greco (1541-1614). Nosotros logramos ponernos en contacto con él, y le pudimos convencer para que nos guiara por su ciudad, Patrimonio de la Humanidad desde 1987.
“Bienvenidos a una ciudad que a mí, efectivamente, me cautivó al instante. Me llamo Doménikos Theotokopoulos, lo que les resultó impronunciable a los habitantes de la imperial Toledo, a la que llegué en 1570. Mis nuevos vecinos no se complicaron la vida y me bautizaron como ‘El Greco’, es decir, ‘El Griego’, dado que vengo de la isla de Creta. Yo estaba a punto de cumplir los treinta años, cuando descubrí en Toledo una luz que se me había anticipado ya en Venecia y en Roma. Los colores de Toledo fueron los míos, y para mí ya no existiría mejor lugar para pintar que esta ciudad. El ambiente místico y solemne que ustedes pueden captar todavía hoy –incluso si vienen del lejano Japón–, me dictaba los temas de mis cuadros, y así lo pueden apreciar, por ejemplo, en la vista de la ciudad lluviosa y azotada por una tremenda tempestad.
Ese cuadro, esa vista general de Toledo, lo pinté desde una colina sobre la ciudad, a unos tres kilómetros, y a la que ustedes pueden llegar ahora fácilmente en coche o, si lo prefieren, andando. Siglos después, algunos empresarios tuvieron la feliz idea de edificar en este lugar un Parador Nacional, y para honrarme más todavía, lo nombraron Parador Conde de Orgaz, en alusión al cuadro que con el tiempo se iba a convertir en mi obra más conocida, “El entierro del Conde de Orgaz” (que pinté en 1586, tomen nota). Sí, los críticos tienen razón: esa obra me salió perfecta, tracé la vida y la muerte, la tierra y el cielo; y, como realmente me sentí contento con este cuadro, pues me incluí personalmente en él. Soy el séptimo por la izquierda, y el único de todos los personajes que les mira a ustedes de frente. El cuadro lo pinté para la iglesia de Santo Tomé, y todavía hoy lo pueden encontrar allí. Está muy bien conservado, no hubo necesidad de restaurarlo nunca, y hoy en día los turistas hacen cola para contemplarlo. Por ello, les recomiendo que vengan temprano y con tiempo.
Muy cerca de esta iglesia se encuentra mi casa y el museo que han instalado en ella. Pero, cuidado, les confieso un secreto: yo nunca viví allí... Mi casa era, en efecto, muy parecida a la que después declararon como tal, y da una idea de cómo se vivía en mi época y cómo trabajaban los artistas; pero precisamente ese lugar que ustedes quieren admirar como mi hogar, les aseguro que no lo pisé jamás. Pero no se preocupen, el secreto queda entre nosotros".
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