El Mundial de Fútbol y un pulpo llamado Paul 
Über den Tintenfisch Paul, den Sieg Spaniens bei der WM und Reaktionen unserer Familie Pérez.
Hoy he hablado con mi querida familia Pérez a través de ese gran invento que se llama Skype; estaban eufóricos por la victora de “La Roja”, y se han presentado vestidos con las camisetas correspondientes a los números de Iniesta, Casillas y Villa. Yo, que llevaba una camiseta cualquiera, me he sentido ciertamente cortada por no demostrar con los colores de la Roja mi alegría por la victoria –por cierto muy merecida–; así que ni corta ni perezosa les he dejado con la palabra en la boca y he salido disparada para usurpar a mi hija el álbum “Panini”, con los cromos de las selecciones mundiales de fútbol, y mostrarles que nosotros a nuestra manera también hemos seguido y apoyado a la selección española; aunque también a la selección alemana.
En una familia multicultural todo es posible; en mi casa se habla español, y alemán, y en la mesa se mezclan los platos de tortilla de patata con el Sauerkraut... Una fusión total que enriquece no sólo nuestra dieta alimenticia, sino también nuestras costumbres, y aumenta la tolerancia que supone vivir y sentir desde el corazón dos culturas diferentes.
Y eso también lo sabe mi querida familia Pérez, así que no se sorprendieron cuando les comenté que por un lado estábamos todos muy contentos porque la selección española había ganado, pero que también estábamos algo tristes por la selección alemana. A lo que Roberto, en plan salomónico, enseguida me replicó: “Lo entiendo, claro; pero recuerda que los alemanes han quedado en un aceptable tercer puesto y, además, han ganado ya tres mundiales, ¡tres! “¡Si, sí”, interrumpió Pepín a su padre, “¡ya nos tocaba a nosotros por una vez ser los campeones!” Y entonó a pleno pulmón: “¡Campeones... campeones, oé, oé, oé!” Los tres estaban pletóricos.
A su vez, Marta me contó que dentro de poco el pulpo Paul (a quien pueden ver en la foto, en la Redacción de ECOS) estaría en Madrid. Le dije que si era una broma, pero me contestó muy sería: “De broma nada, ¿no sabías que, debido a la gran cantidad de peticiones de toda España, el Zoo Aquarium de Madrid está gestionando con el Sea Life de Oberhausen que el pulpo Paul forme parte de la colección de animales que viven en su aquarium?” Me quedé perpleja. Marta me siguió contando: ”Imagínate que el zoo madrileño le garantiza al zoo alemán que Paul recibirá las mejores atenciones debido al gran cariño que todos los españoles le profesamos desde que predijo que la selección española ganaría el Campeonato Mundial de Fútbol”.
Pensé: “El pulpo Paul se está convirtiendo en una cuestión de Estado, a Zapatero hasta le puede servir como oráculo en el debate sobre el estado de la nación. Y si no fuera así, será una simpática anécdota más relacionada con el Mundial de fútbol. ¿Quién lo diría? El fútbol: un deporte de masas que mueve montañas; que hace olvidar penas e incluso influye en decisiones políticas, económicas, sociales y, en este caso, zoológicas.
Mis pensamientos se interrumpieron cuando oí a Pepín decir a su madre: “Mamá, mamá, ¿y si nos traemos a Paul a casa?” Yo, muerta de risa, aprecié que a Roberto se le había cambiado el rictus de su boca; ya no sonreía, y con cara de pocos amigos dijo: “Pepín, ni en broma quiero oír semejante animalada”. Y antes de que Roberto pudiera seguir hablando, un chillido le interrumpió; era el simpático loro Manolo, que gritaba: “¡España olé, Iniesta olé, Casillas olé, Villa olé, Paul, olé, MANOLOO, olé; Robertoooo… ¡tontoo! Tras esas palabras la comunicación con Skype se cortó… No me quedó muy claro si fue un problema técnico o un penalti de Manolo o una falta de Roberto. Lo que sí me quedó muy claro es que el fútbol es un deporte que levanta pasiones, incluso entre los animales.
- Login o regístrate para enviar comentarios











