Impresiones de ida y vuelta 
07.10.2009
Covadonga Jiménez
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Zu Besuch in Madrid: ich treffe meine Verwandten und Freunde, genieße den Herbst und verabrede mich mit Roberto, Marta und Pepín im Retiro.
Periódicamente regreso a mi querida ciudad, Madrid, para cargar las pilas y reencontrarme con colegas, familiares, amigos y, especialmente, con mi querida familia Pérez. Quedé con Roberto y Marta en el parque del Retiro, conocido como el pulmón verde del centro de Madrid por su variada vegetación con sus más de 23.000 árboles. Al calorcillo del sol otoñal, dimos un paseo en barca. Al cabo de un buen rato nos sentamos en una de las terrazas, desde donde podíamos contemplar a un par de titiriteros que con su guiñol hacían las delicias de los niños y también de Pepín. Pedimos unas cañas, que vinieron acompañadas de aceitunas y patatas fritas. En un ambiente distendido comenzó Roberto a emitir sus primeras impresiones sobre el duro otoño y el invierno que se avecina en España:
–Este año nos vamos a tener que apretar bien el cinturón. El Gobierno piensa subirnos los impuestos, y a ello tenemos que sumar el aumento del paro, la nueva gripe, y lo que falta por llegar en 2010.
El comentario de Roberto nos dejó a Marta y a mí pensativas, y como respuesta sólo pudimos emitir un:
–¡¡¡Ufff... no sigas!!!
Pepín, ajeno a nuestra preocupación, se acercó a nosotros dando un gran salto, se bebió su refresco de cola, y cogiendo patatas fritas a puñados, y antes de que Marta pudiera regañarle, se marchó a toda prisa a observar a un mago que mostraba sus trucos a los curiosos junto a una estatua viviente con un vestido de purpurina.
–¿Tú lo has visto? Roberto, ¿pero qué modales son esos? Mira que le tengo dicho a Pepín que no sea tan ansioso, y menos ante la gente, pero nada, es como si oyera llover; se parece a... Roberto me miró de reojo sonriendo, y dijo a continuación:
–A mí, ¿verdad? Cariño, ya sabes, ¡de tal palo, tal astilla!
Nos reímos todos al unísono.
El otoño en Madrid tiene un color especial, yo diría que tirando a mostaza; los rayos dorados del sol, la niebla matutina de la polución y las hojas amarillas de los árboles, que poco a poco van cayendo, dan esa tonalidad única, que también se refleja en el ánimo de sus habitantes. Entre satisfechos y apesadumbrados, pasean por este parque maravilloso disfrutando de los suaves rayos de sol. En la terraza seguimos tomando nuestro aperitivo y hablando de mil cosas: “¿Has visto los nuevos modelitos que luce Letizia? ¡¿A que no sabes quién se ha separado?! ¡¡Pues nosotros acabamos el mes hasta el cuello, y en número rojos!! ¿Pues sabes que te digo? ¡Que a mal tiempo buena cara! Vosotras las mujeres todo lo arregláis con ir al psicólogo”.
Después de un buen rato de hablar de todo y de nada nos despedimos con dos besos, a pesar de las recomendaciones sanitarias por eso de la nueva gripe, y con un “¡hasta muy pronto!”. Pero antes de marcharme, Pepín se volvió hacia a mí; y al oído me dijo:
–Gracias por el dinero; mañana mismo me compro un videojuego.
Le sonreí y pensé: “Qué mejor que consumir para evitar la recesión; y de consumir, los niños saben más que nadie”.
Periódicamente regreso a mi querida ciudad, Madrid, para cargar las pilas y reencontrarme con colegas, familiares, amigos y, especialmente, con mi querida familia Pérez. Quedé con Roberto y Marta en el parque del Retiro, conocido como el pulmón verde del centro de Madrid por su variada vegetación con sus más de 23.000 árboles. Al calorcillo del sol otoñal, dimos un paseo en barca. Al cabo de un buen rato nos sentamos en una de las terrazas, desde donde podíamos contemplar a un par de titiriteros que con su guiñol hacían las delicias de los niños y también de Pepín. Pedimos unas cañas, que vinieron acompañadas de aceitunas y patatas fritas. En un ambiente distendido comenzó Roberto a emitir sus primeras impresiones sobre el duro otoño y el invierno que se avecina en España:
–Este año nos vamos a tener que apretar bien el cinturón. El Gobierno piensa subirnos los impuestos, y a ello tenemos que sumar el aumento del paro, la nueva gripe, y lo que falta por llegar en 2010.
El comentario de Roberto nos dejó a Marta y a mí pensativas, y como respuesta sólo pudimos emitir un:
–¡¡¡Ufff... no sigas!!!
Pepín, ajeno a nuestra preocupación, se acercó a nosotros dando un gran salto, se bebió su refresco de cola, y cogiendo patatas fritas a puñados, y antes de que Marta pudiera regañarle, se marchó a toda prisa a observar a un mago que mostraba sus trucos a los curiosos junto a una estatua viviente con un vestido de purpurina.
–¿Tú lo has visto? Roberto, ¿pero qué modales son esos? Mira que le tengo dicho a Pepín que no sea tan ansioso, y menos ante la gente, pero nada, es como si oyera llover; se parece a... Roberto me miró de reojo sonriendo, y dijo a continuación:
–A mí, ¿verdad? Cariño, ya sabes, ¡de tal palo, tal astilla!
Nos reímos todos al unísono.
El otoño en Madrid tiene un color especial, yo diría que tirando a mostaza; los rayos dorados del sol, la niebla matutina de la polución y las hojas amarillas de los árboles, que poco a poco van cayendo, dan esa tonalidad única, que también se refleja en el ánimo de sus habitantes. Entre satisfechos y apesadumbrados, pasean por este parque maravilloso disfrutando de los suaves rayos de sol. En la terraza seguimos tomando nuestro aperitivo y hablando de mil cosas: “¿Has visto los nuevos modelitos que luce Letizia? ¡¿A que no sabes quién se ha separado?! ¡¡Pues nosotros acabamos el mes hasta el cuello, y en número rojos!! ¿Pues sabes que te digo? ¡Que a mal tiempo buena cara! Vosotras las mujeres todo lo arregláis con ir al psicólogo”.
Después de un buen rato de hablar de todo y de nada nos despedimos con dos besos, a pesar de las recomendaciones sanitarias por eso de la nueva gripe, y con un “¡hasta muy pronto!”. Pero antes de marcharme, Pepín se volvió hacia a mí; y al oído me dijo:
–Gracias por el dinero; mañana mismo me compro un videojuego.
Le sonreí y pensé: “Qué mejor que consumir para evitar la recesión; y de consumir, los niños saben más que nadie”.
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