Das Blätterhaus 
Wortbildung im Deutschen ist einfach und fördert die Kreativität kleiner Kinder. Manche Dinge haben zwar schon einen Namen, doch die Kleinen erfinden einfach neue...
¿Conoce usted esta palabra? Yo no sé si existe o no, y en el diccionario no la encuentro, pero suena muy bien. En alemán existe la envidiable posibilidad de unir palabras y formar una nueva. Para ello no se necesita ser filólogo ni permiso de ninguna real academia de la lengua, que en Alemania no existe; aunque sí una institución semejante.
Porque dar nombre a las cosas es la primera prerrogativa que Dios otorgó al hombre (Génesis, 2,19-20): antes de la creación de Eva, Adán puso nombre a todos los ganados, a todas las aves del cielo y a todas las bestias salvajes..." (fue el séptimo día, que debió de ser larguísimo...).
Hoy, como en cada lengua ya todo tiene nombre - aunque sea préstamo del inglés -, el ancestral privilegio de poner nombres está reservado a algún afortunado zoólogo que descubre una nueva especie de arañas; o a un feliz jardinero que logra "crear" una nueva rosa. Y a los niños, claro, para quienes el mundo es un espacio virgen en el que poco a poco cada uno tiene que ir abriéndose el camino de su vida. Apenas empiezan a balbucear semipalabras, les ponen nombre a las personas y objetos que los rodean: el perro será el baubau, y la vecina Elena será para toda la vida Ena (como llamaba el rey de España Alfonso XIII a su consorte, la inglesa Victoria Eugenia de Battenberg.
Tal Carlitos, quien con dos años recién cumplidos hizo su primera visita a España. Él y sus primitos lo pasaron en grande en casa de los abuelos: el día entero en el jardín, corriendo tras el balón, chapoteando en el agua, jugando al escondite...; alternando con algún descanso en la pérgola para tomar un refresco.
Hace algún tiempo quise comprobar si Carlitos, a sus cuatro años, recordaba aún sus vivencias en España; a mi pregunta sobre qué era lo que más le había gustado allí dos años antes, sin pensarlo dos veces respondió: "¡Das Blätterhaus!". Me quedé perplejo al oír por primera vez esta palabra, y para asegurarme de lo que quería decir exactamente, le hice algunas preguntas capciosas y directas; hasta comprobar sin la menor duda que se refería... ¡a la pérgola!
Según el diccionario etimológico de Corominas, pérgola es voz italiana, procedente del latín "pérgula"; también se usa en alemán (sin acento, claro), y el diccionario la describe como: ‚Laubengang aus Pfeilern und Säulen, meist von Schlingpflanzen umrankt'; demasiado largo para Carlitos; a él le pareció simplemente, eso: ein Blätterhaus; un nombre mucho más breve, pero que para él significa lo mismo que ‘Laubengang...'.
¿No es al menos un bonito y correctísimo sinónimo digno de figurar en el diccionario?
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