Semana Santa 
26.03.2010
Virginia Azañedo
Ostern in Andalusien: Leiden, Auferstehung, eine „performance“.
No, no teman; no voy a hablar de religión, ni de pedófilos, ni de los errores del Vaticano, ni... no no voy a hablar de ellos. Hoy ha salido el sol, estamos en primavera y apetece hablar de cosas bellas. Una de ellas es la Semana Santa en Andalucía. Un verdadero espectáculo para los sentidos.
Les sitúo: estamos en Sevilla, el día amanece limpio, el cielo azul, el sol radiante y corre una brisa fresca. Es Domingo de Ramos y no se puede salir de cualquier manera, hay que ponerse guapo/a para la ocasión (en España hay un refrán popular que dice “el que no estrena el Domingo de Ramos no tiene ni pies ni manos”). Ellos llevan traje de chaqueta, ellas vestidos ligeros con tacones imposibles. Los niños y las niñas van tan guapos que parecen muñecos. Y, a pesar de la crisis, el personal se permite unas tapitas, y éso que este año la Semana Santa cae a finales de mes, cuando ya está uno contando los euros que le quedan en el bolsillo.
Pensarán que me equivoco: el día 2 es Viernes Santo. Cierto. Pero para ésa fecha los andaluces ya llevan una semana celebrando. Y es que, curiosamente, en Andalucía no celebran la resurrección, sino la pasión. Se trata de acompañar a Jesús en sus últimos momentos. No crean por eso que están todo el día llorando, y, si se llora, se hace cantando, en forma de saetas. El ambiente, en general, es entre festivo y solemne.
Si usted es de los que piensan que la Semana Santa, por su carácter religioso, no es para usted, se equivoca: la Semana Santa es un auténtico “performance” (que me perdonen los puristas) en el que participa toda una ciudad. Podrá descubrir olores: a azahar, a cera, a jazmín..., sabores: a empalagoso pestiño, a caramelo, a bacalao, adobo... , sonidos de cornetas, de tambores, de saetas, gritos... y por supuesto, creará ver visiones, penitentes, pasos, gente y más gente. Estampas de una Semana Santa que es, creánme, para no perdérsela.
No, no teman; no voy a hablar de religión, ni de pedófilos, ni de los errores del Vaticano, ni... no no voy a hablar de ellos. Hoy ha salido el sol, estamos en primavera y apetece hablar de cosas bellas. Una de ellas es la Semana Santa en Andalucía. Un verdadero espectáculo para los sentidos.
Les sitúo: estamos en Sevilla, el día amanece limpio, el cielo azul, el sol radiante y corre una brisa fresca. Es Domingo de Ramos y no se puede salir de cualquier manera, hay que ponerse guapo/a para la ocasión (en España hay un refrán popular que dice “el que no estrena el Domingo de Ramos no tiene ni pies ni manos”). Ellos llevan traje de chaqueta, ellas vestidos ligeros con tacones imposibles. Los niños y las niñas van tan guapos que parecen muñecos. Y, a pesar de la crisis, el personal se permite unas tapitas, y éso que este año la Semana Santa cae a finales de mes, cuando ya está uno contando los euros que le quedan en el bolsillo.
Pensarán que me equivoco: el día 2 es Viernes Santo. Cierto. Pero para ésa fecha los andaluces ya llevan una semana celebrando. Y es que, curiosamente, en Andalucía no celebran la resurrección, sino la pasión. Se trata de acompañar a Jesús en sus últimos momentos. No crean por eso que están todo el día llorando, y, si se llora, se hace cantando, en forma de saetas. El ambiente, en general, es entre festivo y solemne.
Si usted es de los que piensan que la Semana Santa, por su carácter religioso, no es para usted, se equivoca: la Semana Santa es un auténtico “performance” (que me perdonen los puristas) en el que participa toda una ciudad. Podrá descubrir olores: a azahar, a cera, a jazmín..., sabores: a empalagoso pestiño, a caramelo, a bacalao, adobo... , sonidos de cornetas, de tambores, de saetas, gritos... y por supuesto, creará ver visiones, penitentes, pasos, gente y más gente. Estampas de una Semana Santa que es, creánme, para no perdérsela.
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