Cómo he vivido yo el terremoto en Chile 
Benjamin Loy hat das verheerende Erdbeben in Chile hautnah miterlebt und berichtet über seine Erlebnisse. Als die Erde am frühen Samstagmorgen zu beben begann, feierte er gerade ausgelassen mit Freunden in einer Diskothek.
Cuando la tierra trema, estamos festejando.
Con unos amigos fui a un lugar cerca de Rancagua, situado a unos 70 kilómetros al sur de la capital Santiago. Nos encontramos en un gran complejo de entretenimiento, con discoteca y casino, es el cumpleaños de un amigo. Luego, hacia las 3.30 horas de la madrugada, la tierra echa a temblar.
Durante los primeros diez segundos el miedo de los visitantes se mantiene dentro de los límites, algunos temblores de la tierra se consideran bastante normales en esta región sísmicamente muy activa. Pero cuando el terremoto se está volviendo cada vez más fuerte, cunde el pánico.
Estallan los escaparates
Somos cuatro que se echan debajo de una mesa de madera perteneciente a un tresillo en el atrio del casino: personas están gritando pánicamente y corriendo por todos lados, varios escaparates y puertas vidrieras de las tiendas se rompen en pedazos, –parecen estallar–, se corta la luz y polvo blanco cae del techo. Todo está temblando, sacudiendo y tambaleándose, como si desde fuera un gigante furioso diera puntapiés en el enorme complejo.
En este momento aún no sabemos cuánto tiempo duraría el terremoto, pero cada segundo se convierte en un siglo. Un hombre que se acuclilla con nosotros debajo de la mesa está gritando que el techo va a derrumbarse. Amedrentadas, cientos de personas huyen del complejo, que a estas horas todavía está bien visitado; por todas partes la gente está gritando y rezando; en la salida del edificio, donde un puente pequeño pasa por encima de una piscina, la gente cae a ciegas en el agua.
Cuando nuestro grupo pequeño, protegido por la mesa, por fin llega a la salida, estoy temblando como loco. La ropa empapada se me pega al cuerpo porque el sismo había activado los sistemas de aspersión automática y había mojado a los huyentes.
Un fuerte olor a vino tinto
Un fuerte olor a vino tinto llega hacia nosotros, debe de provenir de un enorme tanque de viticultor, que en estas regiones de Chile se encuentran con frecuencia. Con rodeos llegamos a Santiago, una fantasmal ciudad de seis millones de habitantes y sin electricidad. Las calles están a oscuras, los semáforos han dejado de funcionar y en las aceras del barrio pobre de La Pintana, situado en el sur de la ciudad, los habitantes han encendido grandes hogueras. Seguimos adelante.
Tras esta odisea aparentemente eterna, finalmente llegamos a nuestra casa en La Florida, un barrio ubicado en el sudoeste de la metrópoli. A primera vista la capital parece no haber sufrido mayores daños, a excepción del aeropuerto, algunos incendios, inundaciones y daños especialmente en edificios históricos.
En esta noche y por la mañana, la tierra echa a temblar una y otra vez, no descansa –y nosotros tampoco–.
Benjamin Loy es periodista y estudiante de Filología Hispana y Germana en Saarbrücken. Viaja constantemente por Sudamérica. Para ECOS escribió el cuaderno de viaje "Las casas de Pablo Neruda", que publicamos en febrero de este año. Benjamin Loy estaba en Chile durante el terrible terremoto y ha publicado varias crónicas para la página web Spiegel Online. Con el permiso del autor ofrecemos parte de sus crónicas en ECOS Online. ¡Muchas gracias, Benjamin, y esperamos que te recuperes pronto!
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