Latinos en Nueva York 
ECOS-Leser Manuel Rhode, Hispanistik-Student aus Göttingen, war in New York unterwegs, und zwar ausschließlich auf Spanisch.
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Durante las vacaciones estuve una semana en Nueva York. Quería
aprovechar el tiempo allí para enterarme de cómo es la situación de los
latinos en esa ciudad. Mis amigos ya me habían contado antes del viaje
que el español está considerado como segunda lengua oficial en Nueva
York.
En el aeropuerto John F. Kennedy lo primero que me llamó la
atención fueron los carteles que estaban escritos en ambos idiomas;
incluso algunos policías hablaban español como si fuera lo más normal
del mundo.
En los siguientes días la sensación de que el español es
la lengua más hablada después del inglés se iba haciendo más fuerte.
Caminando or el centro de la ciudad o en el metro siempre escuchaba a
alguien hablando en español. Muchas veces encontré información y
carteles escritos en español hasta en Manhattan, el centro de Nueva
York.
Después de tres días ya no me sorprendió que el 25 por ciento de la
población neoyorquina sea de origen latino. Hay que tener en cuenta que
en Nueva York no hay ningún barrio famoso creado por los inmigrantes
latinos, como pueden ser los casos de “Little Italy” o “Chinatown”. Este
hecho se explica sencillamente porque la población latina es tan grande
que no lograron organizarse en un lugar específico y porque mucha gente
ha inmigrado recientemente.
El distrito de Bronx tampoco me decepcionó. Apenas salí del metro, ví en
toda la avenida carteles y publicidad en español. Allí tuve una vez más
la impresión de que muchos de los inmigrantes viven en su propio mundo,
en una subcultura. Una mujer de Argentina me dijo más tarde una palabra certera sobre este fenómeno: “coexistir”.
Entré en una frutería donde toda la gente que se encontraba allí no sólo
parecía latina sino que hablaba también español. Compré algo y el
vendedor cambió al instante del español al inglés cuando me vió. Le
contesté en español y se quedó boquiabierto. “¿Hablas español?”, me
preguntó; yo asentí, y le pregunté dónde se podía comprar prensa en
español. Después de haber conseguido mi objetivo, regresé al hotel con
"El Diario"; un periódico escrito en español para los latinos de Nueva
York.
Hablé con la recepcionista del hotel, que tenía mi edad y era
de la República Dominicana. En su opinión, los latinos no tienen
problemas en Nueva York ni tampoco con los estadounidenses. Me contó que
entre los latinos no existen dificultades, ni por la cultura ni por la
lengua. Y que se entienden muy bien; como si fueran una gran comunidad,
al menos en Nueva York. En el barrio de Harlem vi un cartel que decía:
"Latinos for Obama - ¡Sí, se puede!". Entonces, le pregunté a la chica
que si los latinos estaban a favor de Barack Obama. Me dijo que la
mayoría sí, y que ahora tienen grandes esperanzas con respecto al nuevo
presidente.
La conclusión final de mi estancia es que la vida latina
es bastante activa en Nueva York y que los latinos que viven allí
tienen las mismas posibilidades que los estadounidenses. Tampoco puedo
olvidar lo que me dijo la muchacha dominicana: "Yo soy quien soy". "Si
tienes un gran carácter y firmeza, nada puede afectarte y consigues tus
metas".
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