Costa Rica: Tierra de selvas y volcanes 
Por Elsa Mogollón
Un fino río de lava se desliza por la ladera este del volcán Arenal; a considerable distancia, desde un montículo formado de lava seca, cinco turistas observan maravillados este espectáculo natural que casi a diario ofrece uno de los volcanes más activos del mundo. Han venido hasta Costa Rica, uno de los países más pequeños de América Central, para disfrutar de las extensas playas, las intrincadas selvas y los imponentes volcanes. Están dispuestos a empaparse de naturaleza, subirse a una plataforma para canopy y deslizarse entre las copas de los árboles, o sortear en una piragua los rápidos de caudalosos ríos. La aventura o el turismo ecológico los traen a este país, en el que la naturaleza parece estar fuera de la mano del hombre, indomable como al comienzo de los tiempos.
Paz y bienestar
Costa Rica es uno de los pocos países de la región que no ha padecido invasiones yanquis, guerras civiles o dictaduras militares. Goza de más de un siglo de democracia ininterrumpida, y la única revolución que se cuenta en su historia tuvo lugar en 1948, y creó una nueva Constitución, que después consiguió la abolición del ejército, una reforma agraria que permitió una mejor distribución de la tierra, educación gratuita y seguro social generalizado: el modelo de país que todavía rige, y de cuyas conquistas sociales, en materia de educación y sanidad, están muy orgullosos los costarricenses.
El país tiene crecimiento positivo y una renta per cápita seis veces superior a la de su vecina Nicaragua, por ejemplo.
Sin embargo, en la época colonial no era un país interesante económicamente, pues carecía de oro y grandes recursos mineros; por eso, se mantuvo en la periferia del desarrollo colonial, sin grandes ciudades ni magníficas catedrales. Es más, el pueblo no tuvo que luchar por su independencia, pues la libertad le llegó por correo el 15 de septiembre de 1821, desde Guatemala.
Costa Rica debe su nombre a Cristóbal Colón, quien en 1502 arribó a su costa atlántica y creyó encontrar grandes riquezas en su territorio. Pronto se comprobó que la región carecía de riquezas mineras, pero se demostró que tenía algo tan valioso como el oro: sus tierras fértiles, llenas de frondosos bosques.
Los ticos, como se les llama también a los costarricenses, comenzaron a explotar estas tierras con monocultivos dedicados a la exportación, como el cacao, el café o el banano; después, las plantas ornamentales y el aceite de palma, y últimamente con el turismo ecológico y de aventura.
Sólo el año pasado 1.900.000 personas visitaron este país pequeño y poco poblado, pero que cuenta con una variedad de climas y ecosistemas que le permiten cobijar un 5% de las especies vegetales y animales del planeta. Ahora, lo que vende Costa Rica son sus atractivos naturales, y el Gobierno está empeñado en conservar esa biodiversidad; casi una cuarta parte de su territorio son reservas naturales protegidas y, desde 1990, uno de los primeros destinos del ecoturismo, en el que se ha dado a ese patrimonio un uso sostenible y responsable. Para ello, el Instituto Costarricense de Turismo (ICT) ha creado el programa de Certificación de Sostenibilidad Turística (CST).
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