Cuba: La isla que baila 
El sonido brillante y agudo de la trompeta de Yasek Manzano se escucha en el auditorio del Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana; la emoción y la perfección con la que toca este joven lleva al público a ponerse en pie y aplaudir admirado. Pocos saben que Manzano, con 32 años, está considerado como uno de los mejores músicos de Cuba. ¿Y cómo habrían de saberlo? Es la primera vez que visitan la isla; conocen el proyecto Buena Vista Social Club, con sus viejos trovadores, pero no saben de la importancia que ha tenido Cuba en el desarrollo de la música del continente americano.
El auditorio está sorprendido; ha oído ya mambo, rumba, y conocen el son, pero no imaginaban que Cuba tuviera tantos jóvenes talentosos, como los pianistas Harold López Nussa o Alejandro Vargas, que lo deleitan con descargas del más puro jazz-latino. Minutos después hace su aparición en el escenario una leyenda de la música cubana: la inconfundible Tete, Teresa García Caturla, que con su romántica voz, su envidiable sentido rítmico y su dominio escénico arrastra a nativos y foráneos. El público no puede permanecer quieto en sus asientos: se mueve, baila, grita, aplaude. Es un momento mágico, y todos lo sentimos: dos generaciones de músicos cubanos comparten escenario y sentimientos.
Esto es Cuba, pura música, puro baile; la unión de lo viejo y lo nuevo, sombras y luces, lluvia y sol, tristeza y alegría.
Todos los colores
El origen mestizo y turbulento de Cuba le ha dado un carácter especial a la isla. La llegada de más de un millón de esclavos africanos entre los años 1790 y 1821 y las constantes migraciones han cambiado la fisonomía de este pueblo -en tiempos de la revolución haitiana en 1804, 25.000 franceses huyeron a Cuba (ECOS 6/04), 59.000 chinos llegaron entre 1848 y 1860 para trabajar en la isla, e incluso muchos españoles llegaron después de la Guerra de Independencia en 1898-.
El pueblo cubano es un mosaico de culturas: africana, española, indígena, china -por nombrar sólo unas cuantas-, y así de variados son los tipos de personas que vemos en la isla. Más de once millones de cubanos que viven en ciudades como La Habana, Santiago o Trinidad; en extensos y verdes campos, y en las islas y cayos que conforman el país. Comparten la alegría y también las necesidades, como la escasez de alimentos, el racionamiento de agua o energía, pero tienen unas ganas únicas de gozar de la vida. Reciben al visitante con los brazos abiertos, con palabras cariñosas y con música. Porque, señores, estamos en el Caribe, y en todos los países de este rincón del planeta la música es omnipresente. La música y el baile ayudan a los cubanos a vencer las necesidades cotidianas.
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