República Dominicana: Playa y montaña en el Caribe 
Por Virginia Azañedo
Sol, playas de arena blanca con bellas palmeras que se mecen al ritmo de la brisa del mar. Bachata, merengue, ritmos cálidos que llegan con la noche acompañados de ron. Noche caribeña. La República Dominicana amanece con una sonrisa pegada a los labios, con su exuberante vegetación vestida de limpio, brillante, y una temperatura mediaentre 23 y 32 grados que invita a quedarse. ¿Desea algo más?
ECOS viajó al paraíso del "todo incluido" para descubrir que República Dominicana es más que aquello que describen los catálogos de viajes.
Los Haitises
Para ello, visitamos la península de Samaná, situada al noreste del país. Samaná es un magnífico ejemplo de desarrollo del turismo ecológico.
Hasta hace poco tiempo, esta península era un destino turístico desconocido incluso para los dominicanos. Por eso, todavía hoy, existen playas casi vírgenes y el turismo sostenible tiene un lugar importante en la región.
En Samaná se encuentran "Los Haitises", el mayor Parque Nacional del país. ECOS viajó hasta Sánchez, un pueblo de pescadores, donde se puede contratar lancha y guía. Era un día luminoso, a pesar de que los Haitises es una de las zonas más húmedas del país: es fácil que haya niebla o que llueva. Atravesamos en lancha la bahía de Samaná, y pronto comenzamos a ver unos impresionantes macizos de piedra cubiertos de vegetación, plantados en medio del mar: los mogotes.
Continuamos por un bosque de manglares en el que apenas dejaban pasar un rayo de sol. El guía nos pidió que nos calláramos. ¿Ha escuchado alguna vez el silencio? Nosotros lo hicimos en ese momento: es sobrecogedor.
Salimos del bosque de manglares. Pájaros de todo tipo volaban a nuestro alrededor: pelícanos, gaviotas, garzas, y hasta un martín pescador se acercó a saludarnos. Hay 110 especies de aves en esta zona.
Algunos mogotes formaban islotes y tenían una pequeña playa. Paramos en una de ellas, y allí los pescadores nos invitaron a comer unos cangrejos que acababan de pescar. Riquísimos.
Después de comer, seguimos el paseo y descubrimos los restos de los antiguos moradores del lugar, los taínos. En las cuevas de La Línea y La Arena hay pictogramas y petroglifos, vestigios de esta cultura. También son impresionantes las formaciones rocosas en el interior de las cuevas.
La gran cantidad de cuevas y la densa vegetación que dificulta el acceso a las mismas convierten esta zona en un refugio ideal de piratas. De hecho, cuentan que muchos piratas escondieron sus tesoros en los mogotes. El más famoso de ellos es el llamado "Robin Hood del Caribe", Roberto Cofresí; se dice que su tesoro todavía está allí.
- Login o regístrate para enviar comentarios












