Blog: Todo va a salir bien

    INTERMEDIO
    Elsa Mogollón – Wendeborn
    Von Elsa Mogollón-Wendeborn

    Nueva normalidad

    Poco a poco vamos volviendo a la vida que teníamos antes de la pandemia por el coronavirus. La “nueva normalidad”, como se conoce el periodo posconfinamiento, viene acompañada de mascarillas para hacer compras o estar en lugares cerrados, 1, 5 metros de distancia hasta el próximo desconocido, viajes solo en coche o tal vez el tren, y reuniones o clases virtuales. Y, por supuesto, el miedo latente al contagio pues aún la ciencia no ha encontrado una vacuna o una cura contra el virus

    Para nosotros, los hispanohablantes, la nueva normalidad seguirá siendo una tortura. Imagínense a una española o latina sin poder darle besos a la amiga, abrazar a la abuela, hablar a gritos en el bar, interrumpir en las conversaciones o bailar con desconocidos… No, no se la pueden imaginar, ¿verdad?; porque todas esas acciones, que ahora no están permitidas, son parte de nuestra identidad.

    Mientras sigamos saludándonos con los codos o los pies, iremos perdiendo la espontaneidad y la sana confianza que nos caracteriza. Solo la vacuna o la cura nos salvará de mimetizarnos con el resto del mundo.

     

    Los cielos virtuales

    ¿Qué pasa si no tengo conexión a internet?, ¿a quién acudo si por algún motivo, no puedo entrar a la red?, ¿cómo puedo saber si es mi conexión o la de la empresa, la que no está funcionando?; si no puedo trabajar por falta de conexión, ¿soy yo la responsable?, ¿tengo que contratar a un técnico?, ¿tengo que tomar un día de vacaciones para compensar que no he podido trabajar este día?

    Estoy atada a la red, dependo de ella, sin ella no puedo trabajar, sin internet no hay teletrabajo. Al estar en la casa desconectada, la angustia es más grande: no tienes a nadie con quien comentar el problema o con quien quejarte de que las cosas no funcionan, no puedes pedir ayuda al compañero informático – que te soluciona todo –, porque estás ¡aha! “sola en la casa”; te sientes culpable de no poder trabajar y de no tener ni idea de ordenadores; en tu desesperación apagas y prendes el ordenador con la esperanza de que vuelva a funcionar internet.

    Estas abandonada, aislada, sin el amparo de la empresa o de tus compañeros de trabajo.

    Y entonces, miras al cielo y hablas con él: tú que estás allá en las nubes, déjame subir otra vez, ábreme los cielos virtuales para ponerle punto final a este texto. Amén.

     

    Desconfinamiento

    Hemos comenzado una nueva etapa en la crisis por el brote del coronavirus. Después de semanas de cuarentena, en las que escasamente podíamos salir al supermercado o a la farmacia, se inicia el desconfinamiento. Una nueva palabra que se une a las ya aprendidas durante la pandemia: cuarentena, contagio, crecimiento exponencial, casos asintomáticos, aplanar la curva, anticuerpos, teletrabajo, videoconferencia, mascarilla, gel antibacterial…

    Desde su aparición en China y su salto a Europa y al resto del mundo, la COVID 19 ha monopolizado nuestras conversaciones. Ahora tenemos un nuevo término para el glosario de la pandemia: desconfinamiento.

    Hemos comenzado lentamente a abrir los almacenes, las terrazas y después los restaurantes, algunos cursos en los colegios de primaria y bachillerato; incluso ya se ha anunciado que se abrirán las fronteras entre los países de la Unión Europea en el mes de junio. Las medidas para el desconfinamiento van acompañadas de recomendaciones como: usar mascarilla siempre en los supermercados y recintos cerrados, un distanciamiento social de un mínimo de metro y medio, lavarse las manos …

    El desconfinamiento será la palabra de moda en los medios y los discursos oficiales las próximas semanas. Espero que la pandemia no progrese y no tengamos que volver al confinamiento.

     

    De un país a otro

    ¿Cuándo podremos volver a viajar libremente dentro de la Unión Europea? Todavía nadie puede responder a esta pregunta. Nadie sabe qué medidas son adecuadas y cuáles representan una violación de los derechos humanos. Si un país obliga a una persona, aún sin tener síntomas de alguna enfermedad, a permanecer dos semanas en su casa confinada, ¿está violando sus derechos? Algunas personas consideran que es así y han demandado ante la justicia las normas que reglamentaban el ingreso al país o a la región. Otros piensan que es una medida de acuerdo con la gravedad de la pandemia que estamos viviendo y que es lo mínimo que un país o región debería hacer para proteger a sus habitantes

    Actualmente, en el caso de Austria es así, ya que al ingresar en el país se pide a las personas residentes, a excepción de los austriacos, que firmen un documento en el que se comprometen a permanecer dos semanas confinados en su casa. Mi hija así lo firmó cuando fue hace tres semanas a Viena.

    Al regresar a Alemania pensó que tendría también que quedarse confinada en casa, que la policía en el tren le diría algo, pero no fue así. No existe aquí la obligación de quedarse en casa dos semanas si llegas de un país de la Unión y eres nativo del país.

    España anunció que pedirá a los visitantes extranjeros que permanezcan dos semanas en sus albergues; alguien se sorprendió de esta medida, pues pensó que el país estaba tan mal con los casos de contagio y muertes por el coronavirus, que nadie viajaría a España o a Italia en estos momentos. Pero se equivocan: hay cientos de personas que desean con ansias que se vuelvan a abrir las fronteras para ver a sus familiares y amigos o simplemente volver a la casa de verano que con tanto esfuerzo se compraron. Esperemos que pronto las fronteras europeas caigan otra vez.

     

    El patio virtual

    Nunca pensé que una teleconferencia pudiera ser tan divertida. Hasta el momento había sostenido solo teleconferencias de trabajo, todas muy serias y acartonadas, en las que había un turno para hablar y nadie se interrumpía. El sábado pasado cumplió años mi cuñada Aura y para acompañarla en su día, mi hermana Nury organizó una teleconferencia a la que fuimos invitados todos los hermanos y algunos cuñados e incluso, varios sobrinos distribuidos entre Colombia y Alemania.

    ¡Fue maravilloso! Era como estar juntos otra vez en el patio de mi casa en el barrio Getsemaní, en Cartagena de Indias, pero virtualmente. Somos siete hermanos y hacía varios días que no nos veíamos, por lo que la alegría de estar juntos nuevamente nos tenía desbordados. La emoción era tal que todos reíamos y hablábamos al mismo tiempo, brindábamos cada dos minutos y jugábamos a cambiar nuestra fisonomía con filtros y fondos exóticos. Era un derroche de emociones.

    El patio virtual se extendió por tres horas y consumió dos botellas de vino, mientras las lágrimas de alegría bajaban por mis mejillas. La teleconferencia cambió por completo de significado y de símbolo. El título se lo puso mi marido, que me miraba a lo lejos reír a carcajadas: el patio virtual. ¡Fantástico! Por una noche volví al Caribe.

     

    Caminando por el Isar

    Salí a caminar por el río Isar para aprovechar que hacía un buen día, con un sol precioso, aunque el viento estuviera todavía un poco helado. El cauce del río Isar divide Múnich en dos mitades, y desde que la ciudad lo transformó, acercándolo a su estado más natural, se ha convertido en un lugar fundamental para el ocio y el deporte.

    Vivo frente al río y su ribera es un elemento que ha marcado siempre mi vida cotidiana.

    Me encanta caminar por el río y ver cómo va cambiando a medida que se aleja del centro urbano de la ciudad. Lo único malo era que esta vez medio Múnich pensó lo mismo y los senderos –tanto para peatones como para ciclistas– estaban completamente llenos. Pareciera que la pandemia hubiera terminado. Casi nadie llevaba máscaras y la distancia social era imposible de mantener ante la aglomeración de gente.

    Decidí volver a casa después de caminar hasta el próximo puente y pensé que lo mejor sería esperar hasta la medianoche para pasear por la ribera del río. Seguramente a esa hora ya todos estarían durmiendo y podría tener el río solo para mí.

     

    Memes

    Cada día recibo por WhatsApp decenas de vídeos, dibujos, frases, etc, a los que ahora llamamos memes, en los que mis amigos y familiares se burlan de las situaciones absurdas que nos vemos obligados a afrontar como consecuencia de la crisis del coronavirus.

    Las redes sociales están llenas de chistes que pasan de un usuario a otro sin que se conozca muy bien al autor. Practicamente, la creatividad se ha democratizado y todos podemos inventar un chiste, meme o una imagen graciosa que haga reír al amigo al otro lado de la pantalla o del teléfono.

    El humor es una forma de contraatacar al virus y evitar que el miedo nos paralice. Con humor se hace más llevadero el aislamiento social. Esta comprobado: riendo juntos podemos afrontar todas las adversidades.

     

    Clases virtuales

    La pandemia del coronavirus ha sacado a la luz, a través de los niños y jóvenes, las grandes diferencias sociales que afectan a un país. Los niños de escasos recursos económicos tienen más dificultades para acceder a las clases virtuales que ofrecen ahora las escuelas e institutos.

    Hay familias que no tienen acceso a internet ni siquiera un computador o una tableta, con lo que puedan aprender los niños. El aparato más moderno con el que cuentan algunas familias es el teléfono móvil de los padres, por lo que este teléfono es el medio por donde los niños están recibiendo clases o los materiales para estudiar.

    En nuestro mundo industrializado, por lo general, las familias cuentan con un ordenador para el niño, incluso con una habitación en la que pueden concentrarse a hacer sus deberes.

    En Latinoamérica, los niños pobres están sufriendo el doble por el coronavirus: no solo no pueden salir a jugar o encontrarse con sus amigos, sino que están aprendiendo mal o no aprenden pues no tienen acceso al mundo virtual.

     

    El amor en los tiempos del corona

    He vuelto a leer la gran novela del escritor colombiano Gabriel García Márquez El amor en los tiempos del cólera, y he encontrado en ella exactamente lo que buscada en estos tiempos del coronavirus: la certeza de que el amor lo puede todo, lo mueve todo, lo cambia todo, lo transforma y embellece todo.

    Ya pasaban los setenta años cuando Florentino Ariza y Fermina Daza pudieron entregarse a ese gran amor que desde la adolescencia latía en sus corazones. Fue durante un viaje por el río Magdalena, la arteria fluvial que atraviesa casi toda Colombia, y la pasión que los desbordó era tal, que Florentino mandó enarbolar la bandera amarilla del cólera en el viaje de regreso a Cartagena. Aunque las autoridades sanitarias habían dado el parte anunciando el fin de los tiempos del cólera, todavía el Magdalena seguían llevando los cadáveres de las víctimas de la epidemia.

    Ya habían llegado a la desembocadura del río en el Caribe, ya habían llegado al final del viaje, pero apenas comenzaban a conocerse y a amarse, por lo que prefirieron volver a remontar el río con la bandera amarilla de los apestados por el cólera.

    La única manera de permanecer a bordo era siguiendo en cuarentena. Para ellos el amor no había quedado atrás, el amor comenzaba, y nada mejor que una cuarentena para amarse sin sobresaltos. Porque el amor es amor “en cualquier tiempo y en cualquier parte, pero tanto más denso cuanto más se acerca a la muerte”.

     

    Uniendo corazones

    Con el cierre de los aeropuertos por la crisis del coronavirus hay cientos de personas atrapadas en países que no son los suyos, pues se encontraban de vacaciones en el extranjero en el momento de declararse la pandemia.

    Algunos alcanzaron a salir de los países en que se encontraban, pagando precios exorbitantes por un cupo en el último vuelo, otros tuvieron la suerte de contar con un gobierno capaz de enviar un avión a recogerlos de la República Dominicana o de México.

    Pero hay gobiernos que no tienen ni el dinero ni la logística para ayudar a sus ciudadanos atrapados en Alemania, Austria o Suiza. Es el caso de algunos países latinoamericanos como Argentina, Colombia o Chile.

    Para ayudar a sus nacionales, la Embajada de Ecuador en Alemania se ha ofrecido como puente entre las personas que deseen ayudar y los ecuatorianos varados en el país, quienes no han podido regresar, y no tienen ya recursos para sostenerse en Alemania.

    La triste situación de los ecuatorianos varados en Alemania puede ser menos si les ayudamos. Para formar parte del programa de la embajada “Uniendo corazones” es necesario enviar un correo electrónico a kultur@ecuadorembassy.de con su nombre, ciudad y estado federal donde reside. La embajada se encargará de establecer una conexión con las personas varadas. Usted podrá decidir cómo apoya a la persona que le sugiera la embajada.

    “Uniendo corazones” es una idea que llama a la solidaridad entre los pueblos.

    Yoga

    He descubierto el yoga en tiempos del coronavirus. Mi hija me había regalado una estera de yoga para mi cumpleaños y, aunque la había usado un par de veces, no sabía muy bien si esta disciplina física y mental era algo para mí.

    Mi hija es muy aficionada a practicar yoga, pues asegura que le permite tener un mejor control de su mente y de su cuerpo, y de esta manera le ayuda a transformarse y ser mejor ella misma.

    Al principio comencé haciendo un par de ejercicios para complacer a mi hija, que -con tanto cariño- me había regalado la estera. Después, el médico me recomendó que hiciera ejercicios para la espalda y el abdomen con el fin de mejorar la hernia discal que me está haciendo imposible la sentada frente al ordenador.

    Poco a poco, ya llevamos cuatro semanas confinados por el coronavirus, me he sentido mejor. Tengo días con mucho entusiasmo en los que hago todos los ejercicios y días en que no me apetece hacer nada. Pero siento que el yoga me está acercando más a la realidad de mi cuerpo. Me va diciendo algo así como: “tienes que poder vivir y ser feliz con lo que tienes y en este momento presente”.

    Vivimos en un mundo materialista, no sabemos respirar, nuestros pensamientos saltan de un lugar a otro, olvidamos las cosas esenciales, y el yoga me está recordando que nadie va a vivir por mí, que solo yo puedo hacer con mi cuerpo y con mi mente lo que deseo.

     

    El lujo de enfermarse

    Desde que los gobiernos de América Latina pidieron a su población que se quedara en casa, comenzó una tragedia silenciosa para millones de personas que viven de la economía informal. El famoso “rebusque”, como le llaman en Colombia.

    Esas personas no pueden parar; no pueden encerrarse en su casa. Si no venden en sus puestos ambulantes en la calle no tienen con qué comer. Para ellos enfermarse es un lujo que no se pueden permitir. Ninguno de ellos cuenta con protección médica y nadie paga sus salarios si están enfermos.

    Con la clase media latinoamericana quedándose en su casa, los trabajadores informales han perdido ya más del 70 % de sus ingresos. A pesar de las restricciones, muchos salen a vender para no perder el 30% restante, aunque con ello corran el riesgo de contagiarse.

    Los vendedores de frutas en las calles de Cartagena, en Colombia, o de tortillas en Ciudad de México, conforman la mayoría de los trabajadores de la región, viven de lo que venden en el día y no tienen grandes ahorros que los ayuden a superar el confinamiento, ni acceso a créditos o ayuda del Estado.

    América Latina está ante la disyuntiva: o cientos de personas se mueren cada día por el coronavirus o cientos de personas se mueren porque no tienen con qué comer. En el subcontinente enfermarse es un lujo.

     

    esMadrid.com

    Para esta Semana Santa mi marido y yo habíamos planeado un viaje a Madrid. Volábamos el lunes, permanecíamos unos tres días en la capital y después iríamos en auto hasta Cantabria. Lo teníamos todo preparado: el vuelo, los hoteles, paseos a pueblos con encanto, incluso reservaciones en restaurantes de vanguardia. Pero el coronavirus nos obligó a interrumpir los planes. Ahora hago vacaciones en casa.

    Sin embargo, la ilusión de volver a Madrid continuaba y pensé en: ¿por qué no disfrutar de sus calles, monumentos o parques desde mi casa? Entonces encontré que la oficina de Turismo del Ayuntamiento de Madrid ha diseñado una campaña de comunicación digital que nos permite, a través de las redes sociales, visitar la ciudad sin movernos de casa.

    En esMadrid.com podemos ver visitas guiadas virtuales, curiosidades y preguntas sobre Madrid, vídeos, fotos… Me ha gustado mucho la idea de #MadridDesdeMiVentana porque invita a todos los madrileños a través de Instagram a compartir una foto desde su ventana. Se ven rincones hermosos y desconocidos. De esta manera, nosotros podemos disfrutar de cientos de miradas íntimas de la ciudad.

    Pero mi vídeo preferido es este:

    Aquí, Madrid nos cuenta que volverá a latir; que como en otras ocasiones a lo largo de su historia, sus habitantes se han unido para luchar contra la pandemia y saldrán victoriosos de esta lucha. Será así porque juntos nunca hemos perdido. ¡Gracias, Madrid!

     

    Cumpleaños

    Dos compañeros de la redacción han cumplido años en tiempos de cuarentena. En una teleconferencia les cantamos el Cumpleaños feliz virtual. Un poco desafinados, pero con el mismo entusiasmo que nos caracteriza. No pudimos abrazarlos ni felicitarlos como hubiéramos querido. Ni pudimos beber el tradicional cava acompañado de un helado, que ya se ha vuelto legendario en la redacción de ECOS. No sabíamos qué decirles, cómo alegrarles el momento.

    Esto de celebrar sin amigos es una experiencia nueva para todos nosotros. Estábamos un poco desconcertados. Pero nos prometimos celebrar cuando pudiéramos volver a vernos, cuando pudiéramos regresar a la oficina y descorchar con energía la botella de cava y levantar todos la copa para desearles a nuestros colegas: un cumpleaños feliz.

     

    Abuelas

    Mi esposo es pediatra y él siempre dice que los seres humanos necesitamos dos generaciones para criar a nuestros hijos. No basta con una madre o un padre. Las abuelas y abuelos son necesarios para darle a un cachorro de humano el cariño y el apoyo que necesita para desarrollarse mejor.

    Mis hijos disfrutan todavía de su abuela. Una mujer muy amante de la naturaleza que les ha enseñado desde niños los nombres de las hierbas, flores y árboles que se encuentran a nuestro alrededor y les ha inculcado el valor de la naturaleza y la necesidad de protegerla.

    Ahora ellos están muy preocupados por ella. Temen visitarla, abrazarla o acompañarla al médico. Cuando deben llevarla a una consultan se ponen ropa recién lavada, guantes y máscara protectora. La ayudan a subir y bajar las escaleras, pero no puedan apapachar porque temen que se contagie sin que ellos lo sepan.

    La abuela está extrañando los abrazos y las caricias de sus nietos. Ellos ahora solo pueden darle besos de aire.

     

    Resiliencia

    En estos días he estado pensando en esta palabra que se había puesto de moda últimamente y que ahora cobra más protagonismo. La resiliencia es la capacidad que tenemos los seres humanos de adaptarnos positivamente a las situaciones adversas.

    Esta pandemia por el brote del coronavirus podemos verla como un gran problema que destruirá gran parte de la humanidad, o como un gran desafío que tenemos que superar todos los habitantes del planeta ayudándonos los unos a los otros.

    Aprender, reaprender, cambiar, evolucionar, reescribir… todas estas palabras podemos hacerlas nuestras en este momento y con ellas cambiar nuestra la aptitud frente a la adversidad para seguir proyectando el futuro.

    La educación, las relaciones familiares y los contextos sociales nos ayudan a fomentar la resiliencia y al mismo tiempo, nuestra autoestima. Necesitamos una buena capacidad de resiliencia para superar los obstáculos que nos presente la vida.

     

    Teatro

    Los amigos de ECOS ya conocen a Blanca Li, por la entrevista que publicamos el año pasado en ECOS 13/19. La coreógrafa española, es la directora de los Teatros del Canal de la Comunidad de Madrid, y ha desarrollado su carrera en Nueva York, Berlín y Marrakech.

    Sus creaciones mezclan la danza contemporánea con el hip hop, el ballet, la música electrónica, la ópera y el circo, pero sin olvidar sus raíces españolas, con pinceladas de flamenco aquí y allá.

    Con motivo del Día Mundial del Teatro, que se celebró el viernes pasado, la directora de los Teatros del Canal inauguró La Cuarta Sala del Canal con una creación propia.

    En este espacio creativo los artistas presentan todos los días a las 18:00 horas sus obras de teatro desde casa. Estas obras nos permite escuchar español con una excelente dicción e interpretación. De esta forma el teatro nos mantiene unidos y nos hace soñar desde casa.

    No se pierdan la obra de hoy a las 18:00 horas.

     

    Tu poema favorito

    Hoy tengo el reto de declamar de memoria uno de mis poemas favoritos. Le conté a mis hijos y a mi marido, que en el próximo número de ECOS publicaremos 25 libros de poesía recomendados por la redacción. Seleccionamos 25 poemarios de Pablo Neruda, Antonio Machado, Álvaro Vallejo, Piedad Bonnett, Ida Vitale, Federico García Lorca, José Hierro, entre otros.

    Todos en casa se entusiasmaron tanto que comenzaron por recordar sus poemas favoritos. Poco después tenía a toda la familia declamando: Der Panther (Rainer Maria Rilke), Die Bürgschaft (Friedrich Schiller), A Solas (Ismael Enrique Arciniegas), der Werwolf (Christian Morgensterns) o Hágamos un trato (Mario Benedetti).

    Algunos no estuvieron a la altura y en medio del poema se olvidaron de un verso, mientras otros ya querían recitar el poema siguiente.

    Nos dimos una semana para recordar todas las estrofas o aprendernos un poema nuevo, en caso de que el elegido fuese muy largo.

    Hoy ha llegado el esperado día: esta noche en la mesa, después de cenar, cada uno de nosotros recitará uno de sus poemas favoritos.

    Tú también puedes hacerlo. Recuerda tu poema favorito y recítalo ante tu familia: hagamos ese trato.

    “(...) pero hagamos un trato
    yo quisiera contar
    con usted

    es tan lindo
    saber que usted existe
    uno se siente vivo
    y cuando digo esto
    quiero decir contar
    aunque sea hasta dos
    aunque sea hasta cinco
    no ya para que acuda
    presurosa en mi auxilio
    sino para saber
    a ciencia cierta
    que usted sabe que puede
    contar conmigo.”

    Marío Benedetti, Hagamos un trato.

     

    ECOS en casa

    El brote mundial del virus Covid-19 nos ha obligado no solo a trabajar desde casa sino que también ha exigido el cierre de muchos establecimientos como aeropuertos, restaurantes, oficinas y puestos de venta de revistas.

    Para asegurarse de que no tenga que prescindir de ECOS mientras tanto, y pueda seguir aprendiendo español en casa, puede pedir nuestro número actual sobre Bolivia en este enlace, ya sea como revista impresa o electrónica de forma gratuita.

    Para garantizar a los suscriptores que reciban su revista, en caso de tener problemas en el envío por correo, hemos coordinado la distribución de una edición digital que le llegará por adelantado a su dirección de e-mail.

    Si aún no ha introducido una dirección de correo electrónico en su cuenta de cliente, puede hacerlo en cualquier momento en nuestro portal de servicios en línea. Lo más importante es que aún sin salir de la casa pueda seguir aprendiendo y practicando español.

     

    Jardín

    Vivo en un edificio de cinco pisos, en el que viven muchas familias con niños grandes y pequeños. El edificio tiene un amplio jardín con terraza que todos podemos usar.

    Las escuelas, institutos e incluso las universidades están cerrados hasta el 19 de abril, por lo que el edificio está ahora lleno de niños y jóvenes mirando todos por la ventana y deseando salir a la calle a jugar o encontrarse con sus amigos.

    Para evitar contagios o encuentros con los vecinos hemos organizado un calendario en Doodle para las visitas al jardín. Cada familia escribe cuándo bajar al jardín. Una herramienta, que conocía solo del trabajo, nos sirve ahora para distribuir el tiempo de recreo en el jardín.

    Así nadie se encuentra en las escaleras o el pasillo, y los niños pueden jugar un rato en el jardín.

     

    Aplausos

    Desde que están los españoles en casa, la gente sale a los balcones a las 20:00 horas y aplaude a todo el personal sanitario, de servicio de recolección de basuras, atención al cliente en los supermercados, bomberos, policías… Incluso en algunos lugares de Andalucía también suena por los altavoces… la salve marinera. En Huelva, por ejemplo, ponen la canción de "Resistiré" - del Dúo Dinámico-.

    Al principio estaba programado para las diez de la noche, pero lo cambiaron a las ocho para que participen los niños. Y participan. Salen a los balcones y con linternas en la mano cantan o aplauden.

    Ahora en Alemania  circula la propuesta de hacer lo mismo:  aplaudir a las 21:00 horas para dar las gracias a los sanitarios que están trabajando por todos nosotros. Al mismo tiempo es una forma de  “comunión”, una forma de decir: “unidos, venceremos todos los obstáculos”.

     

    Corona

    La palabra "corona" proviene del latín corōna y significa: "aro, hecho de flores, de ramas o de metal, que ciñe la cabeza y se usa como adorno, insignia honorífica o símbolo de dignidad o realeza", según el diccionario de la Real Academia Española, RAE.

    También designa la cima de una colina, un galardón o recompensa, la moneda de Dinamarca, una aureola, entre otros; y escrita con mayúscula se refiere a la jefatura del Estado en un régimen monárquico. En realidad todos los significados de la palabra corona son bastante positivos.

    ¿Y por qué llamar así a un ¡virus!? Tal vez por la acepción: "rueda pequeña y dentada que, en algunos relojes de bolsillo o de pulsera, sirve para darles cuerda o ponerlos en hora".

    Si vemos una foto del coronavirus nos damos cuenta de que es una rueda pequeña y dentada, y que se asemeja a la corona del sol por los picos que sobresalen de sus membranas.

    Pero volviendo a lo positivo de esta palabra, también tenemos el verbo "coronar", que en una de sus acepciones significa premiar o recompensar.

    Al final de esta semanas de encierro vamos todos a coronar nuestro esfuerzo.

    Ya lo verán: todo va a estar bien.

     

    Teletrabajo

    Desde que la Organización Mundial de la salud declaró la pandemia por el brote del coronavirus el mundo quedó en vilo. Y nosotros también. ¿Qué significa esto para ECOS?, ¿podremos seguir produciendo la revista?, ¿logrará la revista llegar a los quioscos?, ¿podrá usted recibirla en casa? Estas y decenas de preguntas más nos hemos planteado en estas últimas semanas.

    La dirección de la editorial Spotlight Verlag tomó la decisión de enviar todo su equipo de redacción a casa hasta nueva orden y con un gran esfuerzo del departamento de informática lo estamos logrando. Desde ahora trabajaremos a distancia con el mismo entusiasmo y dedicación con el que lo hacemos desde la redacción ubicada en la Kistlerhofstrasse de Múnich.

    Para no distanciarme mucho, pues nosotros los latinos y españoles necesitamos a montones del calor humano, estaré compartiendo las impresiones, logro y fracasos, de mi teletrabajo y del equipo de redacción de ECOS.

    ¡No estamos solos en esta hora difícil, estamos unidos virtualmente!

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