DF

    DF, Distrito Federal oder Ciudad de México, die größte Metropole des amerikanischen Kontinents
    Von Martín Caparrós

    Se llamaba Distrito Federal, y los amigos lo llamaban DeEfe: durante décadas ése fue su nombre. Me dirán que no es un país, pero ya tiene, en total, 21 millones de habitantes; sólo seis naciones latinoamericanas cuentan más. El DF es la mayor ciudad del continente, la mayor del castellano, una de las diez mayores del mundo –y es un monstruo insoportable, fascinante–.

    En el DF conviven las residencias más fastuoso/aprachtvollfastuosas con chozas miserables, el hombre más rico con ríos de el/la desarrapado/azerlumpter, bettelarmer Menschdesarrapados, los intelectuales más finos con legiones de analfabetos: si América Latina es el continente más desigual, el DF es su mejor síntesis. Hay horas en que es imposible atravesarla: miles y miles de coches la taponar(ugs.) verstopfentaponan y cualquier el trayectoStrecke, Wegtrayecto puede ser eterno. Hay horas en que es imposible caminarla: sombras y más sombras amenazan. Hay horas en que ofrece todo lo que el mundo actual puede ofrecer.  

    Si América Latina es el continente más desigual, el DF es su mejor síntesis

    El DF es, también, el mejor ejemplo de megalópolis siglo XXI: esos crecimientosintratableunbehandelbar intratables, tumores que concentran todas las ventajas y desventajas de lo urbano. Hace cien años, menos del 15 por ciento de la población del mundo vivía en ciudades; ahora, más de la mitad. Los sociólogos y geógrafos suelen hablar de la explosión de las grandes ciudades; yo lo imagino como una implosión. Las megalópolis son agujeros negros que se chuparse(ugs.) aufsaugenchupan la materia y la energía del territorio alrededor –y así el DF: una pequeña mancha donde se concentra todo México–.

    Me dirán que llego tarde: que el DF ya no existe. Es cierto, pero pasarán años hasta que sea verdad. A principios de este año, el DF fue rebautizarumtaufen, umbenennenrebautizado como Ciudad de México y se volvió el estado número 32 de su país. Pero los buenos nombres –las mejores palabras– no rendirseaufgeben, (hier) sich geschlagen gebense rinden fácil: durante años, millones seguiremos llamándolo DeEfe, la dama furibundo/arasend; (hier) pulsierend; rastlosfuribunda.

     

    Neugierig auf mehr?

    Dieser Beitrag stammt aus der Zeitschrift Ecos 8/2016. Die gesamte Ausgabe können Sie in unserem Shop kaufen. Natürlich gibt es die Zeitschrift auch bequem und günstig im Abo.

    Werbung
    <
    >