Dos fabuladores de Macondo en Nueva York

    Escenas de ultramar
    Von Alberto Salcedo

    Le digo a Jaime García Márquez que en las zonas rurales del Caribe colombiano el interés por las narraciones surgió, en parte, como consecuencia del atraso económico. Faltaban la vía terrestreLandweg, Straßenverbindungvías terrestres, hospitales, el sitio de recreaciónFreizeiteinrichtungsitios de recreación. Muchos pueblos ni siquiera tenían servicio de energía.
    Tal y como lo escribió Gabriel, célebre hermano mayor de Jaime, “el mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.

    En aquellos pueblos que parecían recién salidos de la génesis bíblica, había demasiadas incomodidades. Para combatirlas, se apelar a(hier, fig.) greifen zuapelaba a la oralidad. Al contar historias cada noche en sus terrazas, los habitantes sobrevivían a las la tinieblaFinsternis; Ignoranztinieblas y a los el zancudoMoskitozancudos.

    Jaime asiente con la cabeza. Luego dice que la pobreza estimula la la inventivaErfindungsgabeinventiva, como sucedió en su familia.

    –En casa usábamos los libros para resolver ciertas carencias. Leer era como viajar o como tener juguetes.

    Gabriel y Jaime nacieron en dos pueblos del Caribe distantes entre sí: Aracataca y Sucre. Lo único en común que tenían esos lugares era, justamente, el atraso. El progreso entró a aquella comarca a través de la fábula. La luz eléctrica, el hielo y el cine, por ejemplo, existieron primero en el Macondo imaginario de Gabriel que en muchos lugares reales de la región.

    En Historia de un el deicidioGottesmorddeicidio, Mario Vargas Llosa se pregunta qué hacen los habitantes de Macondo para combatir el atraso. Él mismo se responde: “pues, soñar, fantasear, inventar. La más ilustre y la más antigua de las tareas humanas: imaginar, partiendo de este mundo, otro, más original, más bello, más perfecto, y, mediante un movimiento de la sensibilidad y de la mente, trasladarse allí a vivir mejor”.

    La luz eléctrica, el hielo y el cine existieron primero en el Macondo imaginario de Gabriel que en muchos lugares reales de la región

    Jaime sonríe, dice que tiene una historia para confirmar el argumento de Vargas Llosa.

    –Una noche, Gabito(fam.) Gabriel García MárquezGabito me invitó a una cena que tenía con Woody Allen en Nueva York.

    En la la veladageselliger Abendvelada se habló de cultura popular y de técnicas de narración. Woody Allen tocó su clarinete, Gabito citó a algunos trovadores del Caribe colombiano. Terminada la cena, Gabriel le sugirió a su hermano dar un paseo por el sector. Atravesaron calles arborizado/abaumbestandenarborizadas, vieron luces de neón.

    –De pronto, Gabito me preguntó qué es cultura para mí. Yo le dije que cultura es la respuesta que el hombre da a lo que le ofrece su el medio(hier) Umgebungmedio. Cultura es la huella que dejamos en la tierra.

    Gabriel estuvo de acuerdo.

    Cuando pasaban por el puente de Brooklyn, se detuvieron. Gabriel dijo algo elogioso/alobendelogioso sobre la arquitectura, y luego intentó recordar las películas donde aparecía ese puente. Entonces, soltó otra pregunta.

    –Tú, que eres ingeniero, Jaime, ¿no crees que este puente es una maravilla?

    Jaime respondió que sí. En todo caso –añadió–, es fácil hacer puentes cuando se tienen dinero y materiales de construcción. Lo difícil es imaginarlos donde nunca se han visto. A un fabulador capaz de crear personajes que levitarschwebenlevitan entre sus sábanas, no debería sorprenderle ninguna la hazaña(hier) Leistunghazaña de la ingeniería.

    –Ellos han podido labrarerarbeiten, herausarbeitenlabrar su progreso, Gabito. A nosotros nos tocó inventárnoslo.

     

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    Dieser Beitrag stammt aus der Zeitschrift Ecos 6/2016. Die gesamte Ausgabe können Sie in unserem Shop kaufen. Natürlich gibt es die Zeitschrift auch bequem und günstig im Abo.

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