Gustavo Dudamel

    Ein Kompass auf einer Karte
    Von Albinson Lina­res

    Como pasa con los héroes clásicos, el venezolano Gustavo Dudamel cumple con buena parte de las condiciones para la leyenda: en 1981 nace en un hogar trabajador, lejos de la capital, hijo de un trombonista de orquestas de música tropical. “El Sistema”, un método de enseñanza musical que favorece la integración de jóvenes de bajos recursos en Venezuela, lo acogió a los cinco años. Su talento lo llevó a dirigir a los doce, y cuando cumplió 17, ya estaba al frente de la Sinfónica Simón Bolívar.

    Pero el nacimiento del mito hay que rastrearnachspüren; zurückverfolgenrastrearlo en su temprana veintena. A los 23 años participó en el Concurso para Jóvenes Directores Gustav Mahler 2004, en la ciudad alemana de Bamberg. Allí se impuso a 15 concursantes  al interpretar varias piezas del compositor austriaco, además de Schubert y la Fuga con pajarillo de Aldemaro Romero.

    La apasionada conducción, junto con su particular estilo académico que le permitió asimilar(hier fig.) sich aneignenasimilar y dotar de un acento propio a las composiciones clásicas, convencieron al jurado de que acababa de nacer una nueva estrella. El resto es historia: más de quince orquestas quisieron contratarlo y, poco después, el maestro Frans Brüggen se enfermó, por lo que la Organización del Festival Internacional Beethoven lo llamó para sustituirle en la Orquesta Filarmónica de Londres. La intensidad única que el venezolano desplegarausbreiten; entfaltendesplegó en cada concierto causó una honda impresión en el público inglés. Prueba de ello fue que Gustavo recibió el “Anillo de Beethoven” que lo elevó al el santoralHeiligenverzeichnis; (hier fig.) Olympsantoral de la música clásica como el mejor director de la Quinta Sinfonía.

    Consciente de las responsabilidades que tiene y las las exigencias del mito mediáticoAnforderungen an einen Medienstarexigencias del mito mediático, Dudamel permanece humilde y tranquilo. Hace unos años, la Universidad del Zulia le conferirverleihenconfirió un Doctorado Honoris Causa, y esa fue la oportunidad para que sentar posiciónStellung beziehensentara posición sobre su vida y carrera: “Yo no soy el el niño prodigioWunderkindniño prodigio, ni un genio y mucho menos el salvador de la música clásica. Estoy apenas en el comienzo, y debo trabajar mucho para superar con éxito todas las etapas de mi carrera”.

    Una corona de rizos alborotados, ojos oscuros que refulgir como tizones(fig.) dunkel leuchtenrefulgen como tizones, una mirada quemante junto a la potencia que le imprime a cada compás, hacen que los conciertos de este joven director se conviertan en algo único. Dudamel no parece dirigir una orquesta, sino que proyecta ser el máximo oficiante de un rito sagrado.

    “En un instante, a los 3 o 4 años, un niño puede mostrar la intuición para el ejercicio de un arte como un profesional maduro, y eso es lo que se apreció en Gustavo, y contemplar eso era observar la magnitud de una intuición, la luz, el esplendor de esa intuición. Era evidente que él estaba destinado a ser el gran conductor de este proceso”, explica con emoción José Antonio Abreu, fundador de “El Sistema”, en el documental Dudamel. Let the Children Play.

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