Jamaica: Un país, un hombre

    Ein Mann mit Rastalocken raucht am Strand.
    Von Martín Caparrós

    Hay países que son una persona. El mío, por ejemplo, la Argentina, durante décadas fue sólo Maradona: donde quiera que fuese, cuando me preguntaban de dónde era y yo lo contestaba, había alguien que me decía: “Ah, Maradona”. Él era todo, lo único que millones y millones conocían sobre ese territorio de tres millones de kilómetros cuadrados y cuarenta y tantos millones de personas. A Jamaica le ha pasado más o menos lo mismo: es Bob Marley. Para millones y millones es Bob Marley: “No Woman, No Cry”, “Get Up, Stand Up”; las palabras altivo/ahochmütig; aufrechtaltivas, un baile cadencioso/arhythmischcadencioso.

    Robert Nesta Marley Booker nació en Nine Miles, un pueblo del norte jamaiquino, en 1945; era mulato, hijo de una negra pobre y un blanco fugitivo/aauf der Flucht, flüchtigfugitivo, pero siempre prefirió pensarse como negro. A sus 15, ya en la capital, empezó a tocar música con algunos amigos; buscaba, imitaba, encontraba. A sus 20, la visita del emperador de Etiopía, Haile Selassié, le dio una la causa(hier, fig.) Sache, Idealcausa: el rastafarismo era una vieja religión pacifista y fumón/ fumona(ugs.) geprägt vom Rauchenfumona, y Marley se volvió su el vocero(LA) Sprechervocero. No era fácil ser pacifista en aquella Jamaica: el esbirroSchergeesbirros del gobierno lotirotearbeschieß tirotearon en medio de un concierto y estuvo cerca de la muerte. Ya para entonces, a sus 25, millones cantaban y bailaban sus canciones, miles y miles empezaban a usar sus en la trenzaZopftrenzas –que todavía llaman rastas–.

    Cuando cumplió sus 30, ya era el jamaicano más famoso. A sus 35, estaba desahuciado/a(hier) unheilbar krankenrularin Locken gedrehtdesahuciado: un cáncer de piel terminaría de matarlo poco después. Ahora, 35 años más tarde, Jamaica sigue siendo él. Es raro pensar un país como un nido de trenzas enruladas, un el porro(ugs.) Jointporro de la mejor hierba y unos compases insistente(hier) eindringlichinsistentes; es raro pensar un país como ese momento en que las personas se entregan a sus cuerpos, sus sentidos. Hay destinos peores: casi todos.

     

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    Dieser Beitrag stammt aus der Zeitschrift Ecos 2/2017. Die gesamte Ausgabe können Sie in unserem Shop kaufen. Natürlich gibt es die Zeitschrift auch bequem und günstig im Abo.

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