La lectura de la mañana

    INTERMEDIO
    Chefin vom Dienst Leandra Pérez Casanova
    Von Leandra Pérez Casanova

    Todas las mañanas repito el mismo ritual: mientras espero el desayuno, tomo la la tabletaTablet(-Computer)tableta –hace tiempo que el periódico de las mañanas desapareció de nuestras vidas– y entro rápidamente en Internet para leer las noticias más recientes que han ocurrido en el mundo, en un mundo en que las noticias fluyen las 24 horas del día por todo el planeta, “sin respeto al horario ni a las costumbres”: por la noche, a la hora de la siesta, los fines de semana, de vacaciones, en el rincón más escondido del mundo...

    Sin embargo, esta la saturaciónSättigungsaturación de información, muchas veces innecesaria, a la que nos ha llevado el medio Internet, no ha mejorado nuestro bienestar en absoluto, al menos el mío. La calidad de la información y la manipulación han llegado a unas cuotas que yo antes no conocía. Ahí están las llamadas fake news, que han encontrado en Internet el medio ideal para propagarsesich verbreitenpropagarse a sus anchas(hier) nach Beliebena sus anchas, inmediatamente y sin control alguno.

    Ahora añadimos el mundo que nos ha tocado vivir. Solo algunos ejemplos con los que he desayunado en los dos últimos años: la guerra en Siria y la tragedia de los refugiados, los atentados terroristas del ISIS, el avance de la ultraderecha en todo el mundo, el triunfo de Donald Trump en EEUU, locos políticos como Kim Jong-un, Putin, Erdogan, todos ellos con pasaporte, el Brexit –¿quién hubiera pensado que el Reino Unido alguna vez dejaría de formar parte de la Unión Europea?–, la corrupción nuestra de cada día, que hoy ya es el cuarto poder de nuestro sistema político, la bolsaBörsebolsas que bailan al ritmo que le dictan los mismos políticos que nos engañan.

    Otra “gran” noticia con la que desayuné el pasado octubre fue la celebración del referéndum en Cataluña a favor o en contra de la independencia. Las noticias que nos han llegado de España –incluyo todavía a Cataluña– desde entonces no han hecho nada más que entristecerme: un país puesto/a patas arriba(ugs.) auf den Kopf gestelltpuesto patas arriba por culpa de unos políticos irresponsables, incapaces de corregir sus posiciones para llegar a un acuerdo que tanto se necesita. Y miren en Alemania –¿el país más estable de Europa?– las dificultades para ponerse de acuerdo y formar un Gobierno. Y termino, porque créanme, muchas mañanas las noticias son tan feas que me volvería a meter en la cama, con la esperanza de que algún sueño me lleve a un mundo mejor.

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