Las otras Navidades

    VARIOS NIVELES
    Redakteurin von ECOS, Covadonga Jiménez
    Von Covadonga Jiménez

    Llevo más de un mes “sufriendo” la Navidad. Y aunque hubo un tiempo en que amaba la Navidad: vacaciones, amigos, familia, belenes, villancicos, juegos, regalos, diversión, fiesta, mercadillos, polvorones, turrón y espíritu navideño… Eso ya pasó; y casi, de la noche a la mañana todo cambió: trabajo amontonado, horas extras, cena de empresa, gripes inoportunas, fiestas de colegios con el belén vivienteKrippenspielbelenes vivientes, el amigo invisibleWichtelnamigos invisibles y visibles, compras y compras, cenas con familia numerosa, estrés, ansiedad, discusiones, la cuesta de eneroJanuarloch, leerer Geldbeutel nach Weihnachtencuesta de enero… Uff. Es la otra Navidad.

    Y aunque intento no obsesionarme con esta fecha por prescripción médica(hier) auf ärztlichen Ratpor prescripción médica… el entorno me lo recuerda machaconamentebeharrlich, immer wiedermachaconamente, incluso meses antes. En el supermercado aparecieron las primeras tabletas de turrón a finales de octubre, y los precios de las gambas y los langostinos han oscilado como las acciones en bolsa, según se van acercando los días festivos. La pescadería en estas fechas nos da una visión muy real de cómo se encuentra la economía española. Pero en mi el afánStreben, Eiferafán de evitar lo inevitable, suelo en estas fechas intentar evadirseflüchten, entkommenevadirme viendo alguna serie en “la caja tonta” (la televisión), pero como dice el dicho, el remedio es peor que la enfermedad. La publicidad televisiva te bombardea constantemente con anuncios de comida, bebida, juguetes, perfumes y toda clase de artículos de regalo, para influenciar tu mente y que vayas a toda prisa a comprar esos productos antes de que se agoten.

    Pero he encontrado unala salida de escape(fig.) Schlupfloch salida de escape, y entre pausa y pausa de publicidad, que suele durar entre 15 y 20 minutos, me dedico a hacer cosas como tomar una ducha, teñirtönen, färbenteñirme el pelo o hacer abdominalesBauchmuskelübungen machenhacer abdominales, que me ayudarán a no convertirme en el muñeco Michelin tras los el atracónVöllereiatracones festivos que se me vienen encima. Pero, no sólo la televisión nos invade de publicidad, también internet hacer un tanto de lo mismodas Gleiche tunhace un tanto de lo mismo, y así en cualquier medio de comunicación, sea prensa, radio... No hay escapatoria: ni siquiera si apagas todos los equipos y aparatos electrónicos y decides salir a la calle a despejarse(hier) den Kopf freibekommendespejarte. “¡Craso error!” En la acera de enfrente de mi barrio me encuentro con la panadera, que está poniendo el el espumillónWeihnachtsgirlandeespumillón en la puerta. Incluso las farmacias engalanarschmückenengalanadas por Navidad hacer su agostoabsahnenhacen su agosto, aumentando las ventas de antidepresivos y ansiolíticos para afrontar múltiples situaciones de estrés durante estas fechas. Y en el centro, las tiendas y comercios compiten poniendo las decoraciones navideñas más extravagantes, con luces parpadeantes, trineos y árboles multicolores y villancicos a toda pastilla. Lo mejor son los puestos de castañas asadas, que surgen como las setas de temporada, y que te anuncian con su olor que ya estamos en invierno. Y los mercadillos navideños, que me recuerdan esa Navidad de la niñez que ahora añoro, sin estrés ni preocupaciones.

    Y cuando regreso a casa, la Navidad me ha abducido… es como un chute en vena… Miro el calendario y pienso que sólo me quedan dos días para tomar mis vacaciones de Navidad, hacer la maleta y viajar muy lejos con mi familia…, pero esta vez a mesa puesta, sin estrés, sin compras, y sin prisas. Y por primera vez en mucho años, me costará volver a la rutina y tendré síndrome postvacacional. Benditas Navidades.

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