Maradona. Todo un país

    AVANZADO
    Ecos 7/2019
    Diego Armando Maradona
    Von Martín Caparrós

    “Se llama Maradona, vale 10 palos verdes…”, cantaba, hace 40 años, la la hinchada(ugs.) Fanshinchada de Boca Juniors, el club más popular de la Argentina. “Diez palos verdes” son diez millones de dólares, que ahora, en ese negocio, serían una la minucia(ugs.) Kleinigkeit, Bagatelleminucia, pero entonces parecían una fortuna. En esos días Diego Armando Maradona estaba cambiando la historia del fútbol. Había nacido en un barrio pobre de Buenos Aires en 1960, y empezó a volverse famoso cuando el fútbol se volvía global: fue uno de los primeros jugadores que conocieron en todos los rincones del planeta.

    Su imagen improbable(hier) unglaublichimprobable –bajito, casi gordo, tantos el ruloLockerulos– llenó los televisores del mundo con el par de goles más visto de la historia: el que le hizo con la mano a Inglaterra; el que consiguió, unos minutos después, eludir(hier) ausspieleneludiendo a la mitad de los ingleses. Eran los cuartos de final del Mundial de México, 1986, y su país salía apenas de una guerra real contra el Reino Unido.

    Antes y después Maradona jugó en los equipos del Boca, el Barcelona, el Nápoles y la Argentina. Antes y después tuvo demasiados el roce(hier) Umgangroces con la mafia y la cocaína, se hizo amigo de Fidel Castro, regar(hier) füllenregó el mundo de hijos, fracasó como entrenador, siguió siendo el ídolo de millones de argentinos y fue un país entero. Yo lo sé: me pasó tantas veces. En los rincones más extraños –Mongolia, Sudán, Japón, Bangladesh, las Islas Marshall– he tenido el mismo diálogo en todas las variantes del inglés macarrónico/a(ugs.) sehr fehlerhaftmacarrónico:

    –¿De dónde eres?

    –Argentino.

    –¡Ah, Maradona!

    Para la mayoría del planeta, los 45 millones de argentinos no éramos más que la confusa nube, el el haloHeiligenschein; Aurahalo que rodeaba la cabeza de Diego Armando Maradona. Era triste, era un orgullo. Y se termina: hace unos años pasamos a ser el halo que rodea la cabeza de Lionel Messi, que al fin y al cabo juega casi mejor, que también empieza con eme, pero que nunca ha sido campeón del mundo.

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