Oscar Niemeyer. La capital del comunista

    AVANZADO
    Ecos 8/2019
    Oscar Niemeyer, Architekt aus Rio de Janeiro
    Von Martín Caparrós

    Nunca quedó del todo claro por qué le encargaron su capital a un comunista. En esos años 50 del siglo pasado Brasil era un país intensamente capitalista, un poco retrasado, demasiado grande, demasiado vacío, que se buscaba, y Oscar Niemeyer era un arquitecto enamorado de la modernidad que se había hecho conocer construyendo una iglesia audazkühn; gewagtaudaz.

    Pese a su apellido, Niemeyer era bien cariocaaus Rio de Janeirocarioca, brasileño de Río de Janeiro, donde nació en 1907. Estudió arquitectura sin sin apurosohne Eileapuros, disfrutando de la vida, y empezó a trabajar en un estudio cuando ya tenía casi 30 años. Su jefe era Lucio Costa, moderno a tope, que invitó a participar en un proyecto a un suizo-francés con ideas raras, un tal Le Corbusier. El joven Niemeyer estaba fascinado.

    Diseñaba febril(hier) fieberhaftfebril, ganó prestigio. El gobierno federal le comisionarbeauftragen mitcomisionó su nuevo ministerio de Educación, y él construyó en Río uno de esos cubos minimalistas, rabiosamenterabiatrabiosamente funcionales, que proponía su maestro. En 1940 un alcalde de Belo Horizonte le encargó un complejo que incluía la famosa iglesia: su aspecto provocó infinitas discusiones. El alcalde se llamaba Jocelino Kubitshek; quince años más tarde, ya presidente de Brasil, decidió dotarlo de una capital nueva en medio de la nada. Para diseñar la ciudad de Brasilia contrató a Lucio Costa; para dibujar sus edificios, a Niemeyer.

    Fue uno de los grandes encargos de la historia. En unos meses, Niemeyer diseñó el palacio presidencial, el Congreso, los ministerios, la catedral, las habitaciones de miles de funcionarios –que vivían en casas iguales, casi socialistas–. El proyecto provocó todo tipo de reacciones; las críticas fueron brutales, también los elogios. Pero lo cierto es que Brasilia sigue allí.

    Niemeyer tardó en volver a verla. Cinco años después de inaugurarla, su militancia comunista lo llevó al exilio. Construyó grandes obras en todo el mundo y volvió años después, con la democracia, a su ciudad natal. Allí murió, en 2012, a sus 104 años, siempre tan moderno.

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