Pitidos

    AVANZADO
    Zwei Hände
    Von Mercedes Abad

    ¿Se acuerdan ustedes de aquella época remota y feliz en la que su vida cotidiana no estaba llena de pitidos a cualquier hora del día? Ahora mismo, mientras escribía la línea precedentevorhergehendprecedente, mi bolso ha pitado. Y no miento. Aunque no era mi bolso el culpable del pitido sino, por supuesto, mi móvil, que estaba dentro del bolso.

    ¿Cuántas veces pita un móvil cada día anunciando un mail, un sms o un whatsapp? A unos nos pita más y a otros menos, pero ya casi no hay día sin pitidos, a menos que nos larguemos a uno de esos mágicos lugares donde casi no hay la cobertura(hier) Netzcobertura y los mensajes no pueden alcanzarnos, aunque la verdad es que esos paraísos van desapareciendo. Y cada vez será peor. Al fin y al cabo, a las grandes empresas les conviene que, mientras estamos durmiendo en la selva ecuatorial, arrullareinlullenarrullados por los chillidos de los monos aulladores y los trinos de los pájaros tropicales, en nuestros sueños se infiltre el último modelo de coche o de el dispositivoGerätdispositivo electrónico de tal o cual marca. Lo colonizable ya no son las tie­rras lejanas llenas de hipotéticos tesoros que hacían soñar a nuestros antepasados, sino nuestros deseos.

    Me dirán que, si tanto me molestan los pitidos del móvil, la solución es fácil: tirarlo a la basura o ponerlo en silencio. Pero las cosas distar de(fig.) weit entfernt sein vondistan mucho de ser tan sencillas. Yo me resistí a tener móvil hasta que me vi en un aprieto y tuve que pedirle a alguien el suyo para salir del apuro. Aunque lleves dentro de ti a un rebelde, hay avances tecnológicos a los que es inútil resistirse, porque son providencial(hier) angebracht, zweckmäßigprovidenciales en momentos de emergencia. Además, yo soy despistadísima y, cada vez que pongo el móvil en silencio, se queda así un par de días, de modo que quedo a salvo de pitidos, pero luego me gano unas broncas formidables de mi madre por no haber cogido el teléfono cuando me llamó; eso sin mencionar las pequeñas catástrofes laborales y sociales que ocasiona ese silencio criminal y todas las cosas maravillosas que me pierdo.

    Hay avances tecnológicos a los que es inútil resistirse

    Así que me he resignarse asich abfinden mitresignado a ir por el mundo dejando a mi paso una la estela(hier) Spurestela de pitidos que no sólo me perturban a mí, sino que inquietan y sobresaltan a quienes están a mi alrededor, de la misma manera que yo a veces me inquieto y me sobresalto cuando le suena el móvil a quien se halla a mi lado. Sin embargo, lo que peor llevo es trabajar entre pitidos. Si debo concentrarme, pongo el móvil fuera de mi alcance. Pero el maldito pitido ingeniárselas(ugs.) etw. schaffen, etw. erreichense las ingenia para llegar a mis oídos. Y entonces, adiós concentración. El pitido tiene un extraño poder: las ideas que unos segundos atrás se agitaban en mi mente, brillantes y atractivas, desaparecen, aplastadas bajo el tremendo peso de una idea que nace y en seguida se hace poderosa y obsesiva: ¿qué dirá el mensaje que acaba de llegar? Trato heroicamente de volver a concentrarme en mi artículo o en mi cuento, pero la tentación de ir a mirar el whatsapp es casi siempre superior a mí.

    Ya me conocen ustedes, y a lo mejor exagero un poco. Pero miro a mi alrededor, y veo que no soy la única a quien los pitidos perturban. Pita un móvil, y mi vecino de enfrente en el tren abandona de inmediato la lectura del libro y empieza a rebuscar desesperado en la cartera y los bolsillos, con esa expresión anonadado/aüberwältig, (hier) besorgtanonadada de “¿¿dónde puñetas está?Wo, verdammt noch mal, ist es?dónde puñetas está?”, hasta que da con el agente perturbadorUnruhestifterel agente perturbador: el móvil.

     

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    Dieser Beitrag stammt aus der Zeitschrift Ecos 7/2017. Die gesamte Ausgabe können Sie in unserem Shop kaufen. Natürlich gibt es die Zeitschrift auch bequem und günstig im Abo.

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