Rubén Darío. La inquietud

    Rubén Darío
    Von Martín Caparrós

    No había cumplido todavía los 50, y sólo conseguía pensar en su muerte. Había pensado tanto, escrito tanto: los países del castellano lo reconocían como su poeta mayor, el que les había cambiado la forma de las las letras, las humanidades(hier) Geisteswissenschaftenletras. Había bebido tanto, sufrido, amado tanto, huido tantas veces. Félix Rubén García Sarmiento, muy pronto conocido como Rubén Darío, había nacido en 1867 en una ciudad de Nicaragua que ahora se llama Ciudad Darío –pero entonces, Megalpa– y había dejado atrás ese origen oscuro para ir a buscar fama a la pequeña capital, Managua. Allí conoció a una mujer, Rosario Murillo, y ciertos rechazos que lo empujaron a escaparse.

    Las letras: por una parte son las letras del alfabeto. Pero aquí tienen el significado de “humanidades”; se refiere al conjunto de disciplinas como el arte, la literatura, etc. Con este significado solo puede usarse en plural.

    En Valparaíso, Chile, publicó a sus 21 años el libro de poemas que le cambiaría la vida. Azul se considera el inicio del el modernismo literarioliterarischer Jugendstilmodernismo literario, versos alejandrinos llenos de imágenes elegantes y palabras cultas, flores y la gemaEdelsteingemas y paisajes exóticos, reminiscencias del francés pasadas por el el tamizSiebtamiz del castellano. En unos meses, Darío se volvió El Poeta.

    Y, desde entonces, no paró. En los treinta años siguientes vivió en Buenos Aires, México, Madrid, Barcelona, París, San Salvador, Managua, La Habana, Rio, Nueva York. Fue corresponsal, diplomático, editor, el/la conferencista(LA) Vortragsredner/inconferencista, aventurero. Allá por donde iba, lo recibían con discursos y laureles, medallas y homenajes: los grandes poetas de la primera mitad del siglo –Jiménez, Machado, Lugones– lo hicieron su maestro. Darío, mientras, se complicó con varias mujeres, tuvo media docena de hijos, dos o tres divorcios, más y más versos, más y más botellas, peleas, deudas.

    En 1914, cuando estalló la guerra, dejó Francia; vagarumherziehenvagó por Estados Unidos, México, Guatemala. Se lo veía tan deteriorado/a(hier) lädiertdeteriorado. Y él hablaba sin parar de su fin: ya tenía, decía, 47 años, estaba acabado. Quiso refugiarse en su tierra: después de tanto llegó a la ciudad de su infancia, León. Allí se murió un mes después, en febrero de 1916, y lo enterraron con toda la pompa en medio de la catedral. Por fin estaba quieto. Y hace cien años que cualquier hispanoparlante sabe decir que “La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?”.

    Neugierig auf mehr?

    Dann nutzen Sie die Möglichkeit und stellen Sie sich Ihr optimales Abo ganz nach Ihren Wünschen zusammen.

    Werbung
    <
    >