Siempre repúblicas

    La Boca, Buenos Aires.  Credit: hello / Stockimo / Alamy Stock Photo
    Von Martín Caparrós

    Somos repúblicas. Ahora no es tan raro: casi todos los países del mundo son repúblicas. Lo curioso es que nosotros siempre lo fuimos: desde que empezamos a existir como naciones, fuimos repúblicas.

    Es cierto que tiene que ver con el momento: los países americanos se formaron a principios del siglo XIX. Pero también es cierto que todavía entonces la mayoría del mundo tenía reyes y nosotros no. Quizá porque todos nuestros países nacieron de revoluciones contra un rey: el de España, el de Inglaterra.

    Al principio, entonces, todos aquellos padres fundadores rechazaban la idea de que un gran padre pudiera hacer con ellos lo que antojárseleLust haben aufse le antojara. Después, con el tiempo, hubo en todas esas naciones nacientes tiranuelos, caudillos que suponían que alcanzaba con un señor para mandar en un país. Pero ni siquiera ellos osaron denominarse reyes. La idea de la monarquía estaba tan desprestigiada por los siglos de dominio español, que incluso los jefes más personalista(hier) mit Hang zum Personenkultpersonalistas tuvieron que simular que eran republicanos –y moderadamente democráticos–: que respetaban la voluntad del "pueblo". Aunque el pueblo, en esos días, incluyera a los hombres blancos con propiedades y excluyera a todos los demás: mujeres, indios, negros y pobres de cualquier color.

    La idea de la monarquía estaba tan desprestigiada por los siglos de dominio español, que incluso los jefes más personalistas tuvieron que simular que eran republicanos

    Por ese florecimiento de repúblicas América fue, en aquellos tiempos, la esperanza de tantos europeos. En aquellos años turbio/atrüb; zweifelhaftturbios del Viejo Continente, cuando se impuso la restauración monárquica, franceses, españoles, italianos veían a ese continente, dizqueangeblich; scheinbardizque nuevo, como el lugar donde la libertad se refugiaba. No siempre era cierto, pero ellos no se molestaban por detalles tales como la realidad. Ver a América como el lugar de la utopía fue una tradición que venía desde el principio, y que no se detiene. Quien lo dude puede pensar, quizá, en un póster de Ernesto Guevara o, incluso –tristes tiempos–, en la imagen de un militar venezolano bromista, parlanchín(ugs.) geschwätzigparlanchín. Los mitos, sabemos, tienen la piel muy dura.

     

    El lugar de la utopía

    Ya quisiera América Latina ser el lugar de la utopía, esa isla imaginaria con un sistema político, social y legal perfecto, descrita por Tomás Moro en la obra del mismo nombre, en 1516. Utopía viene del griego y significa "no lugar". La palabra se usa también para denominar un plan, proyecto, doctrina o sistema deseables que parecen de muy difícil realización.

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