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    Ulrica o el amor

    AVANZADO
    Ecos 2/2020
    Wer war diese Ulrica?
    Von Martín Caparrós

    Es, sobre todo, un misterio: tantos críticos trataron de saber quién era Ulrica. Sabemos que Ulrica es la protagonista del único cuento romántico del gran escritor del siglo XX –y el resto es la conjeturaMutmaßungconjetura–. En sus libros, Jorge Luis Borges (1899-1986) redefinió las formas en que pensamos la literatura, recuperó filosofías, mitos y la perplejidadVerwirrungperplejidades, pero nunca quiso hablar de amor.

    Por pudor, quizá: su vida amorosa fue, más que desdichada, poca. Las mujeres nunca le hicieron caso y él las perseguía tenaz, sin ningún éxito. Por eso, seguramente, prefirió no escribirlas, salvo en ese cuento, que retrata su amorío con esta escandinava. Ulrica –su personaje– era una mujer dispuesta a sorprender:

    –Soy feminista –dijo–. No quiero remedarnachahmenremedar a los hombres. Me desagradan su tabaco y su alcohol.

    Una mujer redicho/a 
, affektiertaffektiertredicha, llena de referencias clásicas y el retruécanoWortspielretruécanos rápidos: una mujer que se parecía demasiado a un amigo escritor, experta en citas erudito/agelehrt, gebildeteruditas. El narrador es un Borges escondido: aunque cuenta en primera persona, se dice colombiano. Y, al fin, cuando Ulrica lo acepta, su sorpresa es extrema: “Para un hombre célibezölibatärcélibe entrado en años, el ofrecido amor es un don que ya no se espera”. La oferta consumarsevollzogen werdense consuma en una posada inglesa, entre aullidos de lobos y el arrebato de nieveSchneeverwehungarrebatos de nieve. “secularsäkular, weltlichSecular en la sombra fluyó el amor y poseí por primera y última vez la imagen de Ulrica”, concluye el narrador, y allí empiezan las especulaciones de los críticos.

    Ellos querían saber, y numerosas mujeres se postularon, tras la muerte de Borges, como la Ulrica original. Entre ellas, por supuesto, su viuda tardía y japonesa, la vendedora de su herencia literaria. Pero no está tan claro; hay otras postulantes y ninguna parece indudable y, al mismo tiempo, a quién le importa. Ulrica es tan impersonal y leve que no es una mujer, sino el amor; hay escritores –hay hombres, hay personas– que confunden con con enconoerbittertencono dos cosas tan distintas.

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