Uruguay: El paisito

    Uruguay
    Von Martín Caparrós

    Eran tiempos en que los países grandes inventaban paisitos. Lo hicieron durante todo el siglo XIX en América, Asia, África; después, por supuesto, lo siguieron haciendo. Uruguay fue de los primeros: entre Argentina y Brasil, que asomar(hier) sichtbar werdenasomaban como los poderosos de la zona, Inglaterra quiso poner un tapón que la tranquilizara –y creó, en 1828, un paisito–.

    Durante todo ese siglo Uruguay fue escenario de peleas y complicaciones; parecía una provincia argentina. Necesitaba una identidad propia y, a principios del siglo XX, se inventó una doble: sería la Suiza de América y sería la Suiza de América. Así que se convirtió en un país amable, casi tranquilo y razonable, el más pacífico del continente, más educado del continente, más laico del continente –donde la Semana Santa se llama, por respeto a los ateos, Semana Turística–. Como Suiza.  

    Y se convirtió en un refugio para docenas de bancos que reciben los dineros confusosGeld aus trüben Quellenlos dineros confusos de sus grandes vecinos y los guardan alejados de miradas molestas y los hacer prosperarzum Gedeihen bringenhacen prosperar. Como Suiza.

    Sólo que, a diferencia de Suiza, juega al fútbol. Uruguay es un milagro futbolero: su la producción per cápitaPro-Kopf-Produktionproducción per cápita de grandes jugadores no tiene comparación. Cuatro millones de personas consiguieron ganar dos mundiales y situar a su país entre los grandes del deporte más grande. Y todo a fuerza de pelarse las piernas(RioPl., ugs.) sich gegenseitig die Schienbeine polierenpelarse las piernas, aquello que ellos mismos llaman “la garra charrúa(ugs., etwa) uruguayische Verbissenheitla garra charrúa” –del nombre de unos indios medio caníbales que vivían por allí–.

    Martín Caparrós habla de una doble identidad de Uruguay, que resulta ser sólo una: ser la Suiza de América. Por cierto, en un aspecto se equivoca el escritor: Suiza también juega al fútbol, ¡y nada mal! por cierto–.

    El fútbol lo era casi todo, el mate, buenas playas, buena música, una vida tranquila. Pero, en los últimos años, los distinguió un señor: el presidente Pepe Mujica, quien había estado preso tantos años, que cuando asumir(hier LA) das Präsidentenamt antretenasumió no le quedaba más vanidad que la de ser modesto. Entre sus medidas, la más comentada: hizo de Uruguay el primer país donde el Estado permite y maneja el consumo regular de marihuana. El paisito –como ellos mismos lo llaman– sigue sorprendiendo.

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