¡Viva el metro!

    Kompass auf einer Karte.
    Von Hernán Neira

    En las horas valle es más cómodo. Entro y me dirijo a la unión entre dos vagones. Abro un libro y lo leo durante veintitrés minutos, que es lo que tardo en llegar a mi trabajo. Soy de la minoría, de la minoría que no va con la nariz en la la pantalla del celular(LA) Handy-Displaypantalla del celular: mejor desconectarse al menos un momento al día. Y soy de la mayoría, de esa mayoría de 2,5 millones de personas que a diario viaja en el metro de Santiago. Lo conozco bien: en las horas punta, empujones y sensación de agobio por ir apretado. Por fortuna, uso el metro en horas de de baja afluenciamit geringem Andrangbaja afluencia, lo que lo transforma en una experiencia casi agradable.

    Horario valle es el nombre oficial que da el metro de Santiago de Chile al horario de baja afluencia, en oposición a las horas punta.

    Como algunas líneas tienen el trechoStrecketrechos que no van en túneles, sino elevados a ocho o diez metros en la la superficieOberflächesuperficie, a veces he invitado a algún huésped extranjero a dar una vuelta por esos tramos. Recorriendo esas líneas se tiene una rápida visión de la ciudad, de los distintos barrios, incluso de la presencia de la cordillera. No hay otra forma más rápida de adquirir una idea de cómo es la zona metropolitana de Santiago y de su gente, porque el metro es el reino de la variedad, de las clases y de las costumbres urbanas y sociales.  

    Afuera, en la superficie, todo puede suceder, pero mientras estoy adentro no me afecta. Pueden romperse y volar los vidrios de un edificio con las vibraciones de un terremoto y caer como la cuchillaRasierklingecuchillas en el aire. Nada sucedería en el túnel: el metro es uno de los lugares más seguros de la ciudad en caso de catástrofe.

    El metro es el reino de la variedad, de las clases y de las costumbres urbanas y sociales

    Por muchos vilipendiargering schätzenvilipendiado, viajar en metro es más que moverse. En sus inicios, a fines de los años setenta, eran pocos pasajeros y sobraban asientos. Lógico: era una sola línea y con pocas conexiones, por lo que su utilidad era escasa. Hoy, con cinco líneas y 103 kilómetros, conecta clases y culturas urbanas, transportando a 2,5 milllones de personas diarias. Por eso, el metro hizo más por la mezcla social y cultural que muchos programas políticos. Esa mezcla no le gusta a todos. Una pequeña pero influyente minoría no quiere renunciar al privilegio urbano de ir en su auto privado, sin contacto con nadie, ocupando un enorme espacio en las calles o circular por autopistas urbanas, exigiendo además ocupar el centro para estacionar(LA) parkenestacionar. Dicen que no hacen mal a nadie, porque ellos las pagan con el peajeStraßen-, Mautgebührpeaje, pero no es cierto: las autopistas se comen los parques y producen la enfermedad respiratoriaAtemwegserkrankungenfermedades respiratorias por contaminación.

    Últimamente el metro se ha vuelto una experiencia agridulce(hier fig.) süßsaueragridulce. A los el apretónGedrängeapretones de las horas punta, se suman los cantantes. Un poco de música aunque no haya sido ni pedida ni elegida es aceptable, pero distinto es un el parlante(chil.) Lautsprecherparlante que suena por encima de los 90 decibelios, porque ese ruido es insalubreungesundinsalubre, aun más fuerte que el sonido del vagón al circular.

    A pesar de todo, lo confieso: me gusta viajar en metro.

     

    Hernán Neira, escritor chileno, nacido en Lima, 1960. Es profesor de la Universidad de Santiago de Chile. Una de sus últimas novelas es El naufragio de la luz.

    Artículos de otros autores de Escenas de Ultramar :

    Dos fabuladores de Macondo en Nueva York por Alberto Salcedo

    La importancia de la comida sencilla por Álex Ayala Ugarte

     

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    Dieser Beitrag stammt aus der Zeitschrift Ecos 8/2017. Die gesamte Ausgabe können Sie in unserem Shop kaufen. Natürlich gibt es die Zeitschrift auch bequem und günstig im Abo.

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