Washington D.C.

    Washington
    Von Martín Caparrós

    ¿Alguien piensa –alguien puede pensar– que su cara va a ser alguna vez la cara del billete más potente del mundo? ¿Alguien piensa –alguien puede pensar– que su nombre va a ser el nombre de la capital oficioso/ainoffizielloficiosa del mundo?

    George Washington había nacido en 1732 en la colonia británica de Virginia, América del Norte, y estaba destinado a ser ese pelirrojo alto cristiano y el masónFreimaurermasón, con dientes falsos hechos de el colmilloStoßzahn; Eckzahncolmillo de hipopótamo, moderado en casi todo, bueno con sus esclavos, e implacable(hier) rücksichtslosimplacable en sus negocios, que también sería. Sólo que, además, su tiempo lo puso en el lugar preciso y lo volvió general y presidente y fundador del país que dominaría el planeta en los siglos siguientes.

    Fíjese que la r en español entre vocales, para mantener el sonido fuerte, se hace doble, rr,: pelirrojo. Otros ejemplos: contrarrevolucionario, autorretrato, el pararrayosBlitzableiterpararrayos.

    Entonces sus subordinados, ávido/a deim Strebenávidos de quedar bien, le propusieron que eligiera algún rincón de ese país nuevo para hacerle una nueva ciudad que albergara su poder. Y él lo eligió cerca de su finca, y los subordinados le dijeron que la llamarían como él –y él no se opuso–. Debe ser un momento particularmente extático cuando te cuentan que serás una ciudad, que tu recuerdo va a vivir siglos y más siglos: cuando, de pronto, todas esas convicciones democráticas se apartan y te das cuenta de que serás un poco más que un rey.

    Washington es una ciudad nueva, que aún ahora sigue siendo nueva, que sigue pareciendo un el artefactoApparat, Vorrichtungartefacto hecho de la nada: sus calles anchas, sus parques, sus grandes monumentos, su limpieza, su aire de la serenidadGelassenheitserenidad tan controlada. Ya tiene, con sus satélites, seis millones de habitantes, miles de políticos, más miles de lobistas y una casa muy grande que es famosa por ser blanca y por tener, en estos días, de huésped a otro señor que también se cree un rey pero no consigue fundar nada, que parece siempre a punto de fundirdurchbrennen lassenfundirlo todo. Porque la historia, decía un alemán, suele repetirse como farsa.

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