Yanomami: Los penúltimos

    Yanomami:Sie gehören zu den letzten “Naturvölkern” im Amazonasgebiet.
    Von Martín Caparrós

    Nosotros los llamamos yanomami, vaya a saber cómo se llaman ellos; son, en todo caso, la nación más pequeña, más antigua, más amenazada, más callada de América. Son ahora, dicen, unos 30 000 sobrevivientes que vagarumherstreifenvagan por el fondo de la selva amazónica, acorralarin die Enge treibenacorralados por la la talaAbholzungtala y los buscadores de oro y de petróleo.

    Viven como hace muchos siglos, como vivían las personas cuando el mundo estaba vacío: cazan con arco y flecha, pescan con lanzas, cultivan huertos, pero cada dos o tres años los abandonan para buscar tierra fresca y animales nuevos. Cada mujer puede tener varios maridos, cada marido puede pegarle a su mujer, se visten sólo por coquetería –allí no existe el frío– y creen en unos inventos raros que llaman dioses o algo así. Cuando alguno se muere, sus parientes lo cremareinäscherncreman y se comen sus cenizas mezcladas con puré de banana: nada es más íntimo, más amoroso que conservar al muerto en carne propia.

    Los persiguen también los antropólogos y otros voyeurs con título: son de los últimos que viven como ellos mismos –no como un grupito de cristianos europeos que impusieron sus maneras por el mundo–. Y ahora los cuidan más porque la naturaleza se puso de moda, y ellos, se supone, “viven en armonía” con ella.

    Es curioso: nuestra sociedad, que hace del cambio su razón y su estandarte, quiere conservar a unos pocos en sus vidas de siempre –seguramente porque nosotros hacerse sangríasein Aderlass machen; zur Ader gelassen werdennos hacemos sangrías cada vez que tenemos un el humor malignobösartiger Körpersaft, bittere Gallehumor maligno y lo contamos en cartas que escribimos con nuestras plumas de ganso–. Queremos que ellos sigan viviendo en condiciones que nosotros nunca aceptaríamos, pero no va a funcionar: ya algunos yanomami consiguieron fusiles, y entendieron que esos el engrendroAusgeburt; Missgeburt; Auswuchsengendros del demonio cazan mucho más que sus arcos y flechas. Lo llaman progreso y es perverso –pero no es fácil rechazarlo–: aumenta mucho la esperanza de vida, entre otras cosas.

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