ECOS Audio 12/26

    FÁCIL

    Starten Sie den Audio-Text

    Mit dem Audio-Player können Sie sich den Text anhören. Darunter finden Sie das Transkript.

    Hoy vamos a hablar de un tema provocador: el cotilleo o chisme. A muchas personas les encanta cotillear. En público se critica esta actividad, pero en secreto, ¡se disfruta de lo lindo!
    En España, durante siglos, los corrillos de las plazas, los mercados y las puertas de las casas fueron auténticos centros de información y cotilleo. Allí la gente se ponía al día y comentaba las novedades y los romances del barrio. No había redes sociales, pero no faltaba el salseo.
    En el siglo XVII, el sacerdote Jerónimo de Barrionuevo hacía algo parecido. Entre 1654 y 1658, escribió a otro religioso sus famosos “avisos”, unas cartas llenas de noticias, rumores y novedades sobre Madrid. ¡No se le escapaba una! Y es que cotillear también tiene su arte: saber qué contar, a quién contárselo y, sobre todo, cuándo parar.
    Después llegaron las revistas, la radio, la televisión y, finalmente, las redes sociales. El cotilleo se adaptó a los nuevos tiempos. Hoy basta con escribir en el grupo de WhatsApp: “¿Te has enterado de…?” y hay conversación para rato.
    Según la Real Academia Española (RAE), cotillear significa chismear o comentar de forma indiscreta o maliciosa sobre otra persona o sus asuntos. Pero no siempre tiene mala intención, muchas veces es simplemente ponerse al día, charlar y echarse unas risas.
    Además, un estudio de la Universidad de Stanford sostiene que, si se hace sin maldad ni difamación, puede fortalecer la confianza y los vínculos de un grupo. Así que, la próxima vez que alguien le diga “¡Qué cotilla es usted!”, ya puede responder: “¡Es por mi salud social!”.