El Camino Huanca

    INTERMEDIO
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    Von Chantal Lenoir

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    Mi último viaje a Perú me llevó hasta Huancayo, que se encuentra a 3244 metros sobre el nivel del mar, en el centro del país. No hay mucho turismo en esta región; sin embargo, merece la pena descubrir estos el parajeGegendparajes.

    Durante cinco días caminamos por la tierra de los el apu(Anden) Apu, Berggeistapus. Nuestro grupo estaba formado por Chana, la guía; Walter, el asistente, e Yvan, propietario de ocho llamas, mi amiga y yo. Al entrar en la zona, Chana nos contó lo importante que era hacer una la ofrendaOpfergabeofrenda a los dioses para pedirles permiso y protección por entrar en sus dominios. Después, comenzamos a subir la cima despacito por el mal de altura: ¿cómo hacerlo rápido con la falta paulatina de oxigeno? El paisaje era increíble, admiramos las grandes lagunas, las aves huachhuas, las margaritas andinas y otras maravillas de su naturaleza. La primera noche la pasamos al pie de un glaciar, escuchando ruidos y crujidos, que nos hacían tomar conciencia de la naturaleza: ¿serían los apus, el glaciar o un alma perdida?

    El segundo día pernoctamos en “la chocita de Amanda”, que cuidaba su ganado y el de sus dos hermanos; alrededor de 300 animales, con la sola ayuda de sus cuatro perros. Esa tarde granizó, y pasamos bastante frío, ya que no teníamos ni calefacción, ni mobiliario, ni siquiera había puerta en nuestra habitación. Nuestro colchón estaba hecho de un poco de paja y pieles de oveja.

    Leserin Chantal Lenoir

    A la mañana siguiente vimos la salida del sol, un espectáculo que nos dejó con la boca abierta. Seguimos caminando y escuchando en silencio las campanas que llevan las llamas y el soplo del viento. Sonidos que nos transmiten la fuerza que desprenderausströmen lassendesprende la naturaleza y la vida dedicada al campo de las personas que viven por allá.

    La tercera noche, dormimos sobre un colchón especial: colchón de el combustiblenatürlicher Brennstoffcombustible natural, compuesto de caca seca de llama o de vaca, que se usa también para el fuego de la cocina. Y la última, entre sacos de papas. Por el camino encontramos también ibis negros, patos, gaviotas, huacatays, flores amarillas que se usa para perfumar el ají, y la sumaysuncho, la flor sagrada de los incas, en peligro de extinción.

    Un camino arduo, pero una experiencia única. Valió la pena, a pesar de comer papas cada día y de no tener agua caliente… Gracias a nuestros amigos por esta experiencia, y que los apus les cuiden como a toda su gente, a su fauna, a su flora, que viven en la Puna.

     

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