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    Nueva serie: Cervantes, detective

    INTERMEDIO
    Ecos 1/2022
    Cervantes, detective
    Von Rosa Ribas

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    ECOS cuenta con una nueva serie de nuestra autora, Rosa Ribas. Esta vez, el escritor Miguel de Cervantes se mete en la piel de un detective. Les ofrecemos un extracto del primer capítulo para que lo lea y lo escuche al mismo tiempo. Encontrará el audio y el texto completo en Ecos Audio 01/22.

    Episodio I. En una cárcel de Sevilla

    El golpe de la puerta de la celda despertó a Sancho Soto, que dormitardösendormitaba con la espalda apoyada en un muro.

    —Soy inocente —dijo una voz.

    Un nuevo el presoSträfling, Gefangenerpreso. Otro más. ¿cuántos habría...wie viele gab es wohl...?Cuántos habría en esa cárcel inmensa? Más que habitantes había en su pueblo, pensó Sancho.

    —¡Soy inocente! —gritó el nuevo a través de los los barrotes(hier) Gitterstäbebarrotes de la celda.

    —Como todos aquí —le respondió Sancho. Dos hombres que estar tumbado/aliegenestaban tumbados en una esquina empezaron a reír sin alegría. El nuevo preso se volvió. Sancho le calculó unos cincuenta años. Era de estatura mediana. Tenía el cabello castaño, pero la barba gris. La nariz era grande, la nariz aguileñaHakennaseaguileña, aunque lo más destacado de su rostro eran los ojos, oscuros, vivos. Y, observó Sancho, parecía que tenía el brazo izquierdo paralizado.

    Sancho cerró los ojos. Quería intentar dormir un poco. Por la noche había sido imposible porque hubo una gran pelea en la cárcel con golpes y cuchillos. Uno acabó muerto, dos más muy malherido/aschwer verletztmalheridos. La cárcel era eso: voces y ruidos a todas horas, violencia, malos olores y mala comida. Excepto si se tenía dinero. Esos sí que vivían bien: ocupaban la mejor la galeríaGaleriegalería, comían bien, recibían mujeres (no necesariamente las suyas), incluso tenían criados… Como en la vida fuera de la cárcel, en resumen.

    El nuevo no parecía rico, pero tampoco uno de esos miserables que acaban como esclavos de los poderosos. Durante los días siguientes Sancho lo observó con discreción.

    El nuevo se llamaba Miguel y era un hombre de cultura, que sabía escribir y hablaba bien, aunque no era noble. Sancho era un buen el/la observador/aBeobachter/inobservador.

    Un día, por puro aburrimiento, se acercó a él.

    —Yo también soy inocente —le dijo—. Como tú. ¿De qué te acusan?

    El hombre lo miró con desconfianza, pero, como también debía de estar muy aburrido, prefirió conversar.

    —De robo. ¿Y a ti?

    —De no ser quien soy.

    —¿Cómo?

    —Pues que hay otra persona que dice ser yo y que está ocupando mi lugar. Un el impostorBetrüger, Schwindlerimpostor, que aprovechó mi ausencia y se presentó en mi casa diciendo que era yo. Y ahora vive allí, duerme en mi cama con mi esposa, cultiva mis campos, cuidar ganadoVieh hütencuida mi ganado… Cuando yo regresé, nadie allí parecía reconocerme, ni mi esposa ni mis vecinos. Me acusaron a mí de ser el impostor y aquí estoy. Dicen que no saldré hasta que diga quién soy de verdad…

    Mientras le contaba su desgracia, el otro, Miguel de Cervantes, lo escuchaba fascinado. ¡Qué gran historia! Todavía no se podía imaginar que su la estanciaAufenthaltestancia en la cárcel le regalaría otra todavía mejor.

    Cervantes y Sancho

    * * *

    Estamos en Sevilla en el año 1597. No está siendo un buen año para Miguel de Cervantes. Tampoco lo fue el anterior. Ni el anterior al anterior. Si repasardurchgehenrepasa sus recuerdos, en su vida ha tenido más años difíciles que felices.

    Por eso, está acostumbrado a las dificultades: cuando era joven, tuvo que huir de Madrid porque hirió a un hombre en un duelo. El castigo habría sido que le cortaran la mano derecha. Ahora la que le fallar(hier, den Dienst) versagenfalla es la izquierda porque sufrió una herida grave cuando luchó en la batalla de Lepanto en 1571. Así que con 24 años quedar manco/aeinarmig sein, nur einen Arm gebrauchen könnenquedó manco. Y cuando, por fin, tras sus años de servicio, regresaba a España, su barco fue capturado por piratas y pasó cinco años como prisionero y esclavo en ArgelAlgierArgel. Cuatro veces intentó fugarse y las cuatro lo capturaron. Hasta que finalmente se pagó un el rescateLösegeldrescate por él. ¿Después? Después un matrimonio poco feliz, amoríos, una hija ilegítima, dos excomuniones… Y, en medio de tantas vivencias, sus grandes esfuerzos por hacersesich schaffen, erreichenhacerse un lugar en el mundo de las letras. Sobre todo, en el teatro, su gran pasión. Aunque tenía que reconocer que había sido muy mala suerte nacer en el mismo siglo que ese el monstruo(hier) Geniemonstruo llamado Lope de Vega.

    Desde hacía varios años Miguel era el recaudador de impuestosSteuereintreiberrecaudador de impuestos, una profesión muy impopular, por la que tenía ene­migos en muchas ciudades y pueblos andaluces. Y que ahora le había costado la cárcel, porque la banca en la que él había depositado el dinero recaudado había quebrado y lo acusaban a él de haberse quedado el dinero. Para su desgracia, el verdadero culpable era amigo del juez. Así que, mientras el otro escapaba, él estaba allí intentando demostrar su inocencia.

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