Compatriotas

    AVANZADO
    Zwei Hände
    Von Mercedes Abad

    Cuando viajo al extranjero, hay una actividad que me resulta de lo más entretenida y absorbente: detectar compatriotas. Y soy casi infalibleunfehlbarinfalible, toda una autoridad en la detección de españoles.

    Con los italianos y los franceses tengo un buen el nivel de aciertosTrefferquotenivel de aciertos. Pero es que con los italianos es relativamente fácil: si estás en el desierto y ves a individuos que llevan camisas de un blanco relucientestrahlend, blitzblankreluciente y sin una sola arruga, está clarísimo: son italianos. Son los únicos capaces de parecer recién salidos de la portada del Vogue cuando los demás estamos arrugados, sucios, sudorosos y despeinados después de horas de viaje.

    Pero con los españoles no fallo. Los reconozco entre multitudes y a muchos metros de distancia. Luego me acerco, y al oírlos hablar casi siempre compruebo que son compatriotas. No es una cuestión de la indumentariaKleidung, Aufzugindumentaria, porque hoy en día la globalización hace que la ropa que llevamos sea tan parecida que ya no es un indicio fiable para distinguir nacionalidades. La la condición(hier) Status, Umstandcondición de españoles está escrita no sólo en las características físicas, que pueden ser engañosas, sino también y sobre todo en los gestos y, si me apuran(ugs.) wenn Sie es genau wissen wollensi me apuran, en la manera de estar y de mirar el mundo que los rodea, ya sea la plaza de Djemaa El Fna, en Marrakech, un palacio en ruinas en el centro de Nápoles o la Gran Mezquita de Isfahán.

    La mirada tiene un no sé qué español

    Si, como he hecho yo a lo largo de los años, uno se entrena lo suficiente, verá que, de puro pensar en lengua española, también la mirada tiene un no sé qué genuinamente español. Y no es porque los ojos no sean claros. Incluso en un español con ojos azules, rubio y alto se puede detectar ese punto de españolitud al mirar. Y una forma muy distinta de manifestar corporalmente la fascinación.

    Claro que la detección es más fácil cuando los españoles en cuestión van en grupo o, como mínimo, en pareja. Es cuando están hablando de forma relajada y, por lo tanto, gesticulando espontáneamente cuando es más fácil cazar(hier ugs.) erwischencazarlos. Si van solos, detectarlos es bastante más difícil. En Irán cometí un estúpido error de principiante, una la metedura de pata(ugs.) Patzer, Fauxpasmetedura de pata indigno/a deunwürdigindigna de una autoridad mundial como yo en lenguaje no verbal. Estaba perdida, quería preguntar una dirección en la calle, miré a mi alrededor y, tras mucho estudiarlo, abordé a un hombre de unos cuarenta y pico de años que me pareció el prototipo del persa. En su acento inglés no tardé en detectar un el dejeAkzentdeje conocido… Era español, y nos reímos mucho cuando lo descubrimos.

    La detección de españoles, que tantas alegrías me proporciona, no es ni mucho menos un deporte reservado a los españoles. En una ocasión, un congreso nos reunió en Clermont-Ferrand a la escritora española Almudena Grandes y a mí. Tomamos un café en un bar y, para gran sorpresa nuestra, al disponernos a pagar, el camarero nos dijo que un señor que se hallaba en el otro extremo del local había pagado nuestras consumiciones. Cuando fuimos a agradecerle su invitación al caballero, nos dijo que enseguida se había dado cuenta de que éramos españolas, y eso que no podía oír desde tan lejos la lengua en la que hablábamos. Pero hablan ustedes moviendo las manos e incluso la cabeza de una forma que las delatarverratendelata, nos dijo. Parecen ustedes directamente salidas de una película de Pedro Almodóvar.

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