Ibiza: Un paraíso que se renueva

    INTERMEDIO
    Ibiza, die drittgrößte Baleareninsel
    Von Ricardo F. Colmenero

    Ibiza se ha quedado sin noche. El imperio de la fiesta se ha visto obligado a cerrar sus puertas, y la isla brillarstrahlenbrilla más que nunca de día. Acostumbrada a encenderanschaltenencender una especie de el interruptorLichtschalterinterruptor mágico en verano, que se apaga en invierno, ahora sus visitantes se encuentran con el insólitoungewöhnlichinsólito espectáculo de un verano sin gente, o a lo que debía parecerse el el aforoKapazitätaforo de la isla en los años sesenta o setenta.

    El ibicencovon/aus Ibizaibicenco Pepe Roselló, fundador de la desaparecida discoteca Space, cree que el coronavirus es una oportunidad para “recuperarzurückgewinnenrecuperar Ibiza, que había perdido su alma, su atractivo, y había quedado desprovisto deohnedesprovista de personalidad. La isla de Ibiza se puede reiniciar, bien incluso”.

    Platja d’en Bossa, la más larga de la isla, presenta un aspecto insólito. El mar, sin boyas ni yates, descubre un horizonte infinito, sin fibra de vidrio, hasta que se dibuja la silueta de la vecina Formentera. Y lo mismo sucede en sus icónicas playas paradisíacas, como Cala Comte o Cala Bassa, de esas que salen siempre en las listas de las más bellas del mundo. Una arena sin apenas la sombrillaSonnenschirmsombrillas ni la hamacaHängemattehamacas ni bañistas hace que por primera vez se parezcan a los catálogos que las anuncian.

    Desde cualquiera de ellas, uno puede perderse por el senderoWegsenderos que transcurren entre pinos y la sabinaSadebaum, Stink- Wacholdersabinas, con vistas de azules imposibles, hasta la torre d’en Rovira, construida para protegerse de la llegada de piratas. En Cala Comte está el restaurante S’Illa des Bosc, que recibe el nombre de la isla que está justo enfrente y del que uno no puede irse sin probar sus los chanquetes con huevos estrelladosGlasgrundel mit zerschlagenen Eiernchanquetes con huevos estrellados.

    Ibiza

    1. Cala Bassa Beach Club

    El la calakleine BuchtCala Bassa Beach Club es un circo de cinco la pista(hier) Tanzflächepistas sobre un el pinarKiefernwaldpinar que corre paralelo a la playa. Uno de los escenarios favoritos de los italianos que visitan la isla, el turismo extranjero más abundante después del británico. Hay distintos ambientes, desde una barra de bar con música de DJ a hamacas con mesitas o un restaurante. Frente a la cama balinés/avon / aus Balibalinesa, sobre mantel y servilletas de hilo, se monta una escena propia de un restaurante vip: sushi, foie, ostras, caviar y champán como el almuerzoMittagessenalmuerzo.

    2. Mercadillo hippy

    Si es sábado, uno está obligado a perderse(hier) sich verlaufenperderse, buscando las horas de menos sol, por el el mercadilloStraßenmarktmercadillo hippy de Las Dalias, en San Carlos. En Ibiza ya hay más mercadillos hippies que macrodiscotecas, pero el de Las Dalias sigue siendo el que tiene mayor el encantoZauberencanto. Es cierto que la mayoría son tipos disfrazados de hippies, y que pocos quedan de los que empezaron a llegar a partir de los 60 desde San Francisco para perderse por Londres y Ámsterdam, y luego por Estambul, Teherán, Peshawar o Lahore, para importar oraciones tibetanas, el polen de CachemiraHaschisch aus Kaschmirpolen de Cachemira y mucha la perezaFaulheit, Trägheitpereza. Ser hippy en Ibiza ya no es una forma de vida, sino un el circo ambulanteWanderzirkuscirco ambulante; o el uniforme de unos grandes almacenes al aire libre, en el que conjugarse(hier) in Einklang bringense conjuga la nostalgia, la la artesaníaKunsthandwerkartesanía y el marketing. Las Dalias no es solo un escenario histórico por sus personajes, sino también por sus conciertos históricos improvisados entre sus ilustres visitantes, como Brian May, Ronnie Wood, Jimmy Page, Mike Oldfield, Pink Floyd o Bob Geldof.

    3. Ses Salines

    Si uno busca playa, no se puede perder tampoco la de Ses Salines. El Malibú Beach Club es uno de esos el chiringuitoStrandbar, Imbissbudechiringuitos históricos que tradicionalmente atrae a las celebridades que visitan la isla. Los paparazzi merodearsich herumtreibenmerodean entre las hamacas a la caza de futbolistas de la Liga y la Premier, actrices de moda o grandes diseñadores, como Valentino o Cavalli. Uno no puede irse sin probar el Hendrix Ti Punch, un licor que se sirve en jarra y que huele y sabe a flores. Es la combinación perfecta para un tartar de ostras con gambas ibicencas que se come en la misma la conchaMuschelconcha, y que confirma la excelencia de su cocina para el público más exigente del mundo.

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