Martín Caparrós

    AVANZADO
    Journalist, Fotograf und Schriftsteller, Martín Caparrós
    Von Covadonga Jiménez

    (Lea un extracto de la entrevista que Ecos mantuvo en exclusiva con motivo de la presentación de su libro El hambre - Der Hunger, Suhrkamp, 2015-, en el Instituto Cervantes de Múnich en 2016).
    Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957), periodista, es­critor, fotógrafo y viajero incansable, escribe y habla sin tapujos(ugs.) frei heraus, klipp und klarsin tapujos sobre sus vivencias y sus pasiones. Está considerado como uno de los periodistas y escritores más destacados de América Latina. Sus obras han obtenido prestigiosos el galardónAuszeichnunggalardones, como el premio Rey de España, la beca Guggenheim o los premios de novela Planeta y Herralde, entre otros.

    ECOS (E.–) El hambre es un libro que reúne historias de los que viven con hambre, y plantear razonesGründe aufführenplantea razones del porqué de esta situación. ¿Qué le movió para hablar sobre este tema?
    Martín Caparrós (M. C.–) Bueno, yo llevo 25 o 30 años haciendo reportajes en muchos lugares del mundo de temas sociales y políticos. Y veía, y cada vez más, cuando tenía que escribir sobre historias muy diversas, que había como una constante que aparecía todo el tiempo, que era que mucha de la gente de la que estaba escribiendo no comía suficiente. Y bueno, poco a poco empecé a pensar que me importaba contar eso.

    E.– ¿Hay diferencias entre el ham­bre que vive África, India o América?
    M. C.– Sí, de todo tipo de aspectos; y por eso fui a ocho o diez países. Precisamente, una de las decisiones que tomé cuando buscaba la forma de hablar del asunto… es la idea de que no existe el hambre. Existen muchas formas y mecanismos diferentes por los cuales hay personas que no comen lo suficiente; y entonces, lo que quería era contar esos distintos mecanismos y estructuras. Y, por eso, traté de ver qué países podían ser interesantes para poner en escena y analizar cada uno de esos mecanismos. Y por eso fui a Níger, donde se supone que el hambre es inevitable por lala aridezDürre, Trockenheit aridez y demás,…y después encontré que no lo era tanto. O a la India, que es el país con más hambrientos del mundo todavía, pese a que está en pleno desarrollo y es una democracia, y tiene una cantidad de cosas que uno pensaría que podrían solucionar el asunto. O a Madagascar, que es un poco el símbolo de la apropiación de tierras por parte de la corporación(hier) Kapitalgesellschaftcorporaciones y de estados ricos, que están de algún modo sacando esas tierras del consumo local, y por lo tanto, produciendo más hambre. En fin, viajé a muy distintos lugares para tratar de demostrar esos diversos aspectos... Que efectivamente, son muy variados según las características de cada lugar, pero tienen, en última instancia, un el común denominador(fig.) gemeinsamer Nennercomún denominador. Digamos que, en general, en nuestra época el hambre ya no es un problema técnico. La razón del hambre no es la escasez de alimentos, es la concentración de la la riqueza alimentariaNahrungsreichtumriqueza alimentaria en manos de unos pocos de todos nosotros, los habitantes de los países ricos. Porque la Tierra produce alimentos suficientes para que todo el mundo coma lo que necesita; sin embargo, todavía hay 800 o 900 millones de personas que no lo hacen.

    Schriftsteller Martín Caparrós

    E.– ¿Y cómo ve el problema del hambre en Argentina?
    M. C.– Argentina me interesaba como ejemplo clarísimo de esta situación en la que se produce muchísima comida y, sin embargo, muchos se quedan sin comer. En la Argentina, se supone que se producen alimentos para 400 millones de personas, y somos 45 millones; y hay cuatro o cinco millones que no comen suficiente. Entonces, quería mostrar un poco ese mecanismo, y cómo la respuesta del Estado ante esas cosas suele ser la la dádivaGabe, Geschenkdádiva. El hecho de que el Estado da la asistenciaHilfe, Unterstützungasistencia a los que no tienen qué comer, pero, claro, al darles asistencia los obliga a obedecer cualquier cosa que ese Estado quiera. Crea esta relación clientelar en la que, como hay gente que no tiene un trabajo legítimo y una forma autónoma de producir, su la subsistenciaLeben, Lebensunterhaltsubsistencia depende de lo que le diga el el politiquito de turnodas Politikerchen, das gerade an der Macht istpolitiquito de turno. Y eso pasa en muchos países, pero también pasa a escala global: cuando los grandes organismos internacionales mandan bolsas de comida o toneladas de el grano(hier) Korngrano a cualquier país, como Níger, están haciéndoles dependientes de eso.

    La razón del hambre no es la escasez de alimentos, es la concentración de la riqueza en manos de unos pocos

    E.– Parece, entonces, que no interesa que se erradicarabschaffen; ausrottenerradique el hambre en el mundo. Además, en los países ricos está el pro­blema de que se tira muchísima comida.… ¿Cómo se puede solucionar este problema?
    M. C.– Bueno, se supone que en Europa se tira entre el 30 % y el 45 % de la comida. Entre supermercados, restaurantes y hogares tiramos eso. Más del tercio de la comida que circula termina en la basura. Es terrible y, sin duda, habría que educarnos para que eso no suceda. Pero aun si no tiráramos nada, esto no mejoraría la suerte de los que tienen hambre, porque el asunto es que todo el sistema comercial internacional de la alimentación está dirigido a producir bienes para los mercados ricos; por eso, además tiramos tanto porque se producen cosas innecesarias: las compramos, las tiramos, etc. El tema es reformularrevidierenreformular de algún modo el sistema económico global, para que la producción no tenga que ver con venderle a los más ricos lo más caro posible, sino con alimentar a todo el mundo. Es así de tonto, pero es así.

    E.–¿Qué pretendía transmitir con este libro: El hambre?
    M. C.– Soy modesto en cuanto a las posibilidades de un libro, pero me gustaría que alguna persona, de vez en cuando, al leerlo pensara cosas que no había pensado y mirara un poco distinto el mundo alrededor. Si pudiera conseguir eso, ya sería una suerte, ¿no? Yo creo que el hambre tiene una la condición decisivaentscheidende Bedingung, Voraussetzungcondición decisiva, que es que nunca nos sucede a nosotros, es algo que siempre les pasa a otros. Hay una de cada ocho personas que en el mundo pasa hambre; sin embargo, ninguna de esas personas ni son nuestros amigos, ni nuestros parientes, ni nadie que conozcamos. O sea, el hambre es radicalmente ajeno/afremd, anderen Personen zugehörig, fernajeno, y sin embargo, nos sucede a todos como sociedad, como humanidad… Entonces, contra esa ajeneidad que le podemos adjudicar tan fácil, bueno, quizás un libro como éste sirva para que uno se sienta más preocupado por la cuestión.

    Perfil de Martín Caparrós

    Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) inició su carrera periodística en el diario Noticias en 1973. Entre 1976 y 1983 vivió el exilio entre París (donde selicenciarseHochschulabschluss erwerben licenció en Historia en la Sorbona) y Madrid. Desde entonces ha viajado por todo el mundo,alternarwechseln alternando sus residencias entre Europa y América, aunque ahora vive en Madrid. Sus artículos aparecen en diversos medios de comunicación de América y Europa, como en El Malpensante, Letras Libres o en El País Semanal, entre otras publicaciones. Ha dirigido numerosas revistas, como El Porteño, Babel, Página/30, Sal y Pimienta y Cuisine & Vins… Asimismo, ha publicado más de treinta libros, entre novelas, crónicas y ensayos; y ha recibido numerosos premios literarios.  Entre sus libros encontramos: No velas a tus muertos (novela, 1986); La Historia (novela, 1999), La Voluntad (1996, en colaboración con Eduardo Anguita, una monumental obra en tres tomos sobre la militancia revolucionaria entre los años 1966-1978); Un día en la vida de Dios (2001); Por Valfierno (Premio Planeta, 2004); El interior (Crónica de viajes por las provincias argentinas 2006 /2014); Los Living (Premio Herralde, 2011); Pali, Pali (Impresiones Coreanas, 2012); Comí ( 2013), etc. El hambre / Der Hunger es su último libro (2015).

     

    El alfabeto de nuestro tiempo:

    Letra A: Argentina. El país que no fue

     

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