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    Vino: El patrón oro de la gastronomía española

    AVANZADO
    Ecos 13/2021
    Spanien ist das Land mit der größten Weinanbaufläche der Welt
    Von David Granda

    La escena resultaba familiar. A una hora incierta del día, que podía coincidir con la salida del trabajo, un el parroquiano(hier) Stammgastparroquiano conocido por todos cruzaba la puerta la tasca del pueblo o del bar del barrio, acodarsesich auf Ellbogen stützense acodaba en la barra, miraba al jefe y a modo de saludo decía en voz alta: “Ponme un vino”. El jefe del bar mesonero reac­cionaba mecánicamente con toda tranquilidad sin apenas inmutarse. Abría la botella grande  frasca del vino de la casa y servía un el chatoniedriges Weingläschenchato. Situemos a ese mismo parroquiano en un bar actual, tres o cuatro décadas más tarde. Le espera una pizarra en la pared con la denominación de origenUrsprungsbezeichnungdenominaciones de origen, una carta en el mostrador, un camarero con entusiasmo de sumiller sumiller; le espera, como mínimo, la repregunta habitual que enfrenta a los vinos canónico/a(hier) unumstrittencanónicos: “¿Rioja o Ribera?”.

    En los últimos años hemos contemplado cómo el vino se ha convertido en un producto de la tierra de prestigio. Los claretes, blancos a granellose, vom Fassa granel y tintos peleónschlecht, billig, fuselhaftpeleones sin etiqueta para el el chateoWeinchentrinkenchateo han sido desplazados por un vino de calidad alta  de alta costura elaborado por bodegas de prestigio. de renombre. Si los primeros inspiraron el hedonismo y la alegría etílico/aAlkohollaetílica que respira el lienzo El triunfo de Baco, de Velázquez –también conocido como Los borrachos, con el dios del vino rodeado de lugareños de rostros enrojecidos por el alcohol–, los segundos se acercan a la vanguardia cubista de La botella de vino, de Picasso. Esta sofisticaciónVerfeinerungsofisticación de la bebida alcohólica tiene su precio. peaje. Hay culto a la viña, el bodegueroKellereibesitzer, Winzerbodeguerosos emprendedores y un negocio que genera 24 000 millones de euros anuales y que produce los mejores vinos de su historia. Sin embargo, en España se bebe menos vino que nunca. Veintitrés litros por habitante. Casi la mitad que en 2000. La tercera parte de lo que se consumía los años en los que nuestro parroquiano entraba a su bar de siempre.

    La cifra es muy inferior a la de sus vecinos: Portugal (51,9 litros por persona), Italia (46,6) y Francia (46). Según la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), España ocupa la duodécima posición en la clasificación mundial de consumo de vino per cápita consumo de vino per cápita, aunque tiene más el viñedoWeinbergviñedos que nadie. El emblema de esta paradoja es La Rioja, con una de las más conocidas denominaciones de origen de vino español, que es la comunidad donde se bebe menos vino. Le sigue Castilla-La Mancha, que presumir deangeben mitpresume de ser la la región vitivinícolaWeinbauregionregión vitivinícola más extensa del mundo, conocida como la bodega de Europa, con casi 500 000 hectáreas de viñas regar(be)gießen; (hier) bewässern, umfließenregadas por los ríos Tajo, Guadiana y Júcar.

    Nadie tiene una respuesta clara a por qué ha caído tanto el consumo. Aunque hay pistas, como la falta carencia de una cultura del vino como la de Francia, la la inercia(hier fig.) Gewichtinercia de las modas (¿por qué esta pasión por las ginebras británicas?, ¿por qué esa devoción por el gin-tonic?) o una la mercadotecniaMarketingmercadotecnia con un campo semántico  campo semántico que ha alejado más que acercado al consumidor mundano/a , (hier) Normal(hier) Normalmundano (¿qué es un vino superestructurado, potente y con nervio?, ¿un vino austero/ a(hier) herbaustero es bueno o malo?, ¿maderas, taninos, aromas, notas de la cataWeinprobecata, temperaturas?). La poesía de los críticos y sumilleres ha claudicarkapitulierenclaudicado ante la la tentaciónVersuchungtentación del esnobismo: “aroma de grafito”, dicen sobre el premiado Castillo Ygay Gran Reserva Especial 2010, elaborado con uvas procedentes de viñas plantadas en 1950, 85 % tempranillo, 15 % mazuelo, y una crianza de 24 meses en barricas de roble americano y francés de 225 litros. ¿A qué huele el grafito?

    En la cotidianidad festiva las cañas han sustituido al chateo. Para beber cerveza no es necesario saber de cerveza. Nadie se disculpa si no es capaz de explicar por qué está disfrutando su bebida. De hecho, en España se bebe cerveza con el ánimo  la pulsión de un país centroeuropeo. La juventud observa el vino con desdén con desdén y solo lo utiliza para profanarentweihen, schändenprofanarlo con el calimocho, una bebida muy popular que consiste en la mezcla de vino tinto barato y refresco de cola. En verano, el vino tinto recupera su la veta(hier) Gangveta más gozosa, menos ceremonial, pero siempre como el/la comparsaNebendarsteller/incomparsa: los alegres tintos de verano –vino, abundante gaseosa y mucho hielo– y sangrías –vino, zumo de cítricos, azúcar y fruta macerareinlegenmacerada–. Los el porrónTrinkgefäß mit Tülleporrones y las la bota de vinoWeinschlauchbotas de vino, objetos de culto hasta bien entrado el siglo XX, se han extinguirseaussterbenextinguido en el el ámbito domésticohäuslicher Bereichámbito doméstico como el el teléfono de discoTelefon mit Wählscheibeteléfono de disco. Mientras tanto, los el decantadorDekantiererdecantadores, esas elegantes la vasija de cristal sopladoGefäß aus mundgeblasenem Glasvasijas de cristal soplado, solo han llegado a las la despensaSpeisekammerdespensas de los el/la sibaritaFeinschmecker/insibaritas.

    Si quiere conocer más sobre la cultura del vino en España, lea el reportaje completo en Ecos 13/21.

    Además, en este enlace encontrará más información sobre los vinos de la Ribera del Duero.

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